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Volvo Ocean Race 2008-2009: El espectáculo está servido

Yate nº 505

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  1. Volvo Ocean Race
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La décima edición de la vuelta al mundo a vela con escalas empieza en Alicante el 4 de octubre. Cada uno de los ocho barcos que participan equipa diez cámaras y un centro de edición de vídeo con un tripulante dedicado exclusivamente a esa función ya que habrá un canal de televisión en internet para seguir la regata. Por si quedan dudas de la mediatización de la Volvo Ocean Race en la era de las comunicaciones, Ericsson y Telefónica patrocinan dos barcos cada uno. Puma, que busca incorporarse al mercado náutico con su línea de ropa deportiva,Team Russia, Green Dragon y el último incorporado Team Delta Lloyd completan la flota.

El 4 de octubre de 2008 ha sido la fecha de comienzo de una vuelta al mundo a vela con escalas por equipos. Eso es todo lo que podrían haber imaginado Bill Whitbread y el almirante Otto Steiner, creadores de la Whitbread Round the World Race que se disputó por primera vez entre 1973 y 1974, para la décima edición de su regata. Es que esta Volvo Ocean Race que se disputa 35 años más tarde no tiene casi nada más en común con aquella Whitbread. Ni el nombre de la prueba, ni el sistema de puntuación y de competición que ahora incluye regatas costeras y metas volantes, ni los puertos de salida, paso y llegada tienen algo que ver con la primera. En la partida se reemplaza a los tradicionales puertos del Atlántico, Portsmouth, Southampton o el gallego Sanxenxo de la última edición, por el mediterráneo Alicante.
Team Russia
Allí se disputará el 4 de octubre una regata costera que será continuada siete días más tarde por la primera etapa oceánica, que unirá la ciudad levantina con Ciudad del Cabo. La llegada, prevista para finales de junio de 2009, será en San Petesburgo, un destino inédito para esta competición. En el recorrido se tocarán por primera vez tres puertos asiáticos Cochin en India, Singapur en el país del mismo nombre y el olímpico Qingdao en China.

Si bien Chay Blyth, patrón del Great Britain II, el primer barco en llegar a meta en aquélla primera Whitbread con una tripulación compuesta por paracaidistas -la victoria en compensado fue para el mexicano Ramón Carlín, con el Sayula II-, podría intuir una gran evolución en cuanto a diseño y construcción de barcos y velas; jamás habría imaginado que sus amigos de odisea serían reemplazados por navegantes profesionales, los sextantes por GPS’s y plóters satelitales, los prismáticos por radares y las correderas por sofisticados equipos de telemetría. Ni qué decir de las antiguas cámaras fotográficas, con las que obtuvieron unas pocas imágenes de la primera travesía entre Portsmouth y Ciudad del Cabo y que revelaron con toda ilusión en el puerto sudafricano. Hoy ocupan ese lugar 10 diminutas cámaras de vídeo y un equipo de edición. Y un tripulante de cada barco está dedicado exclusivamente a enviar imágenes desde todos los puntos del planeta a través de los emisores satelitales ubicados en la popa de cada velero para que puedan ser vistas en el canal de televisión que el publico podrá visualizar en www.volvooceanrace.tv. Todo ese despliegue informativo, nada exento de espectáculo, tiene una razón fundamental. La Volvo es uno de los últimos símbolos de la lucha del hombre por dominar la naturaleza. Los nombres más reconocidos dentro del mundo de la vela han pasado por esta aventura. Sir Peter Blake, Grant Dalton, Tracy Edwards, Dennis Conner y Chris Dickson han decidido participar en distintas oportunidades porque la experiencia merece ser vivida. Es la era de la tecnología y la comunicación, y la Volvo Ocean Race como acontecimiento deportivo y económico no quiere estar al margen. Por eso sus organizadores han decidido que esta experiencia debe ser exhibida en todo su esplendor.

De la Whitbread a la VOR


La regata, conocida durante 25 años como Whitbread, pasó a convertirse en la Volvo Ocean Race en la octava edición, la 2001-2002. Los cambios introducidos han marcado un nuevo carácter a la competición que viene reflejado no sólo en su nombre, sino en el tipo de regata. A este nuevo carácter han contribuido el avance de los diseños de los veleros y la tecnología que incorporan. En septiembre de 1973, las 17 embarcaciones que partieron de Portsmouth en la primera Round the World Race poco se diferenciaban de los barcos de recreo que surcaban los mares y océanos. A pesar de ello catorce llegaron a meta. Con el correr de los años, los veleros se han desarrollado como unidades de alto rendimiento, han sido diseñados exclusivamente para esta regata y para batir marcas de velocidad, y la tecnología que se ha ido incorporando a estos barcos ha cambiado por completo el concepto con que nació esta regata oceánica. En las primeras ediciones, patrones y navegantes apenas tenían idea de la situación de sus competidores durante días. La comunicación entre la organización y la flota participante se limitaba a un informe semanal de la posición en la que se encontraban proporcionado por los guardacostas locales, con lo que el máximo objetivo era llegar a puerto. En la sexta edición, en 1993-94, nació la clase Whitbread 60 y los barcos incorporaron GPS y tecnología de comunicaciones que ya les permitía enviar informes sobre su situación cada seis horas. Así, aunque las embarcaciones no estuvieran a la vista unas de otras durante días, los patrones y navegantes tenían una idea aproximada de dónde se encontraban sus oponentes y podían evaluar y seguir cada movimiento táctico de la flota. Con ello, la regata se convirtió en una verdadera competición, con bastantes ingredientes más de deporte que de aventura. La última edición, que comenzó en Vigo para finalizar en Gotemburgo, Suecia, ha supuesto el mayor éxito mediático en una vuelta al mundo a vela hasta la fecha –con permiso de la Barcelona World Race- y ha logrado que la prueba fuera considerada como uno de los eventos deportivos de mayor éxito a nivel mundial. Debido a ello no es extraño que el programa de la Volvo Ocean Race 2008-2009 se haya desarrollado en la misma línea con la intención de producir el mayor espectáculo náutico que el mundo haya visto jamás.

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