Las Perlas del Mediterráneo
Todavía quedan is
las en el Mediterráneo donde el navegante puede echar el ancla en recónditas calas de agua transparente entre aromas de tomillo, mirlo y romero.
Las casi siete millas que separan las islas de Córcega y Cerdeña tienen en el estrecho de Bonifacio, laberinto de islas, rocas e islotes bajos, su punto más difícil. Para llegar a buen puerto nunca deben perderse de vista los faros y sobre todo contar con excelentes cartas de navegación. Una vez se han tomado todas las precauciones sólo queda por decidir en cuál recalar primero.








En pleno cinturón de fuego, atravesado por el ecuador, a unos 130 grados al este de Greenwich, se encuentra un conjunto de islas paradisíacas formadas por majestuosos volcanes y playas de arena blanca rodeadas de cocoteros, que parecen existir al margen del resto del mundo. A pesar de ello, hace 500 años constituían el destino más codiciado del planeta, impulsando a los navegantes europeos a efectuar largas y costosas expediciones en busca de las preciadas especias, marcando el inicio del proceso de expansión colonial europeo. Ahora navegamos por esas mismas aguas a bordo de una goleta tradicional de madera construida en Indonesia en pleno siglo XXI, tras la estela de la excepcional historia de las Islas de las Especias.
er se suman a las escuelas náuticas para proponer cursos que permitan a los navegantes profundizar en sus conocimientos sobre la navegación y las ciencias del mar.
cífico que bañan los cinco archipiélagos de la Polinesia Francesa configuran una de las culturas más seductoras del mundo y uno de los paisajes más sorprendentes con que pueda encontrarse un navegante.
