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SEGURIDAD: LO IMPORTANTE ES PREVENIR

Yate nº 489

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1. Introducción2. Más información

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Como casi todo en esta vida, es mejor prevenir que curar, pero en un barco la premisa se convierte en necesidad imperiosa. Un patrón no es un mero conductor de barcos, es el responsable del barco y de su tripulación, por lo que la prevención en la seguridad pasa a ser una asignatura vital.

El primer factor a tener en cuenta en la seguridad en la mar es el mal tiempo, y aquí definiremos que tener mal tiempo en el mar es navegar con viento. El viento es el fenómeno meteorológico que forma las olas, y éstas son las que pueden influir en la estabilidad de nuestra embarcación.

¿QUÉ ES LA ESTABILIDAD?
La estabilidad es la propiedad que mantiene nuestro barco adrizado, es decir, en posición vertical. Los barcos están lastrados para que, cuando se ven afectados por una influencia exterior que los escora, recuperen su posición inicial. Por eso los lastres se sitúan en la parte baja de la embarcación, ya sea la quilla o la orza. Los veleros están suplementariamente lastrados para compensar la escora –inclinación- producida por el efecto del viento sobre las velas. De ahí que tengan quillas de hierro o plomo con bulbos en su extremo. La estabilidad de nuestro barco se puede ver puesta en entredicho cuando las olas nos generan balances transversales que podrían llegar a volcarnos. Obviamente, la posición más desprotegida de un barco es con las olas de través. Las olas, la mar de través nos escorará, nos balanceará transversalmente, y así puede comprometer la estabilidad, a la vez que produce unos movimientos incómodos e incluso peligrosos en el interior del barco.

¿QUÉ ES EL SINCRONISMO?
Nuestro barco entra en sincronismo transversal cuando recibe la mar de través y coincide la entrada de una ola en el costado y posteriormente en el balance opuesto a la escora se incrementa al volver a coincidir con el seno de dicha ola. Es fácil de detectar navegando: el barco empieza a dar bandazos cada vez más violentos a ambas bandas. Para evitarlo es conveniente variar el rumbo respecto a las olas. También se puede evitar variando la velocidad. De los conceptos estudiados anteriormente es lógico deducir que si la posición que queremos evitar es tener las olas de través, entonces nuestra posición defensiva en caso de muy mal tiempo es ponernos proa o popa a las olas.

CAPEAR EL TEMPORAL
Capear un temporal es ponerse proa al viento y a las olas. El barco empezará a dar cabezadas, pero al menos no comprometerá su estabilidad. Suele ser una situación fácil de manejar, porque incluso un timonel inexperto es capaz de mantenerse aproado, cosa que no ocurre corriendo el temporal, como ya veremos más adelante.
En caso de que no se pueda navegar contra las olas, cuando los golpes de mar –pantocazos- en nuestro casco sean muy violentos, es conveniente caer unos grados a la banda que nos acerque más al rumbo, y entonces no navegaremos proa a la mar, sino con las amuras. Las amuras son las partes de proa del casco cuando se recurvan para dar precisamente un buen paso a la ola. Lógicamente moderaremos la velocidad de la embarcación, tanto es así que en casos extremos el barco puede quedarse prácticamente sin avanzar, tan sólo con la máquina mínima para mantener el rumbo y esperar hasta que las condiciones mejoren. Se supone que las condiciones de navegación a las que nos referimos son para navegantes iniciados, en navegaciones cortas, por lo que no estudiaremos casos de temporales de larga duración o durante singladuras oceánicas. Si somos noveles no saldremos a navegar si el parte es adverso, por lo que si encontramos mal tiempo será un imprevisto y posiblemente de corta duración.

CORRER EL TEMPORAL
Otra manera de evitar atravesarse a la mar es poniéndose popa al viento y a las olas. Entonces estaremos corriendo el temporal. Para navegar en estas condiciones es necesario que el timonel tenga experiencia, porque el barco navega con velocidad, incluso planeando sobre las olas, y puede llegar a atravesarse súbitamente si no nos adelantamos en el gobierno del mismo. Además hemos de tener en cuenta que no haya una costa a sotavento, es decir que podamos recorrer millas sin temor a encontrarnos bajos o tierra en la dirección de nuestro rumbo.

ANCLAS DE CAPA
En todos los libros aparece el uso del ancla de capa en caso de mal tiempo, pero lo cierto es que ningún barco las lleva a bordo. El ancla de capa no es más que una especie de paracaídas flotante que, sumergido en el agua y amarrado en el extremo de un cabo, nos frenará suavemente. Por ejemplo, un caso de eficacia de las anclas de capa lo tenemos en las balsas salvavidas, que ya vienen equipadas con ellas. Si la lanzamos al agua evitaremos que la balsa abata de una forma excesiva, para mantenernos así en la zona del naufragio donde se supone vamos a ser rescatados. Los antiguos veleros de quilla corrida y de desplazamiento lanzaban anclas de capa por popa para evitar clavar la proa en el seno de una ola, en caso de correr el temporal con mar muy formada y temporal de popa. Pero desde hace ya muchos años, los actuales veleros de desplazamiento ligero, fondos planos y quillas finas han demostrado ser unos excelente planeadores con mar de popa, y que precisamente esa velocidad es lo que les permite negociar las olas en las empopadas. Además, su ligereza hace que sea casi imposible que claven la proa.
Eso sí, como hemos dicho anteriormente, es imprescindible que al timón tengamos un tripulante experimentado que sepa gobernar el barco en estas condiciones. Hoy en día, las únicas embarcaciones que suelen utilizar las anclas de capa por popa son los catamaranes, que como ellos sí que corren el peligro de clavar el casco de sotavento en la ola y volcar, tienen que hacer uso de las mismas. A veces, no largan anclas de capa en sí mismas, sino lo que hacen es soltar cabos por popa, de casco a casco, que ya frenan de por sí el avance del barco. También podemos utilizar un ancla de capa largándola por proa, en caso de que se nos pare el motor, para colocar el casco proa a viento, y evitar de nuevo la mar de través. En caso de no disponer de un ancla de capa auténtica, podemos improvisar una con cabos, lonas y algún peso.

EN CONCLUSIÓN
En caso de una entrada súbita de mal tiempo, nos colocaremos a poder ser proa al viento para evitar atravesarnos a la mar, cerraremos escotillas, mantendremos a la tripulación al resguardo en el interior o en la bañera, y una vez asegurada esta posición decidiremos la derrota a seguir, esperar o retornar a puerto.

BARRAS EN LA BOCANA
Otra situación de peligro es la de que se forme una barra en la bocana del puerto. En los puertos de la costa mediterránea, que están construidos en zonas de playa con muelles de protección, suelen formarse bajos cerca de la bocana debido a la acumulación de arena a causa de las corrientes costeras. Estos bajos fondos son peligrosísimos en caso de mal tiempo y mar formada, porque provocan rompientes que pueden llegar a hacer ingobernables los barcos y lanzarlos así sobre las escolleras de entrada a puerto. No es la primera vez que una tripulación cansada y aterida no resiste la tentación de entrar en puerto y se ha visto volcada sobre el espigón, con pérdida irreparable de tripulantes.
Es entonces imprescindible disponer de información del puerto donde vamos a recalar, si puede tener o tiene barra en su bocana, información de la que dispondremos en los derroteros. También podemos pedir información por la radio VHF. En caso de muy mal tiempo existe incluso la figura de puerto cerrado, precisamente para evitar estos accidentes. En estos casos es más seguro mantenerse mar adentro, aunque sea capeando el temporal.

HOMBRE AL AGUA
Lo importante es prevenir la caída. Recordemos que ser patrón de un barco no es ser el chofer o llevar el timón. Ser patrón nos hace responsables de la tripulación, y los tripulantes tienen que hacer caso a nuestras premisas. El patrón decidirá en caso de mal tiempo dónde se sitúa cada tripulante, para evitar situaciones de riesgo y evitar la caída por la borda. Pero a veces ocurre lo inevitable. En caso de caída de un tripulante al agua el protocolo es el siguiente: se colocará el mando del motor en punto muerto, se meterá timón a la banda a la que ha caído el náufrago, se dará la voz de “hombre al agua” y se lanzará un aro salvavidas. Mientras tanto se activará el MOB del GPS y se colocará un tripulante en cubierta que no pierda de vista al náufrago. Vamos a justificar cada paso: colocamos el motor en punto muerto para evitar que el giro de la hélice pueda dañar al tripulante. Meteremos timón a la banda a la que ha caído el náufrago porque así separaremos la popa del mismo. Recordemos que la posición retrasada del timón hace que, aunque el barco caiga a la banda a la que hemos metido timón, inicialmente aparta la popa a la banda contraria. La voz de “hombre al agua” se da para avisar a todo el mundo que un tripulante ha caído por la borda. En casos de mal tiempo, o en los veleros si la tripulación está a media maniobra, es posible que alguien no se haya percatado del accidente. O a veces es el mismo timonel que necesita ser avisado, o incluso para avisar al patrón si está en el interior del barco. Una vez realizados estos pasos, se virará para recoger al náufrago.

CURVA DE BOUTAKOW
En caso de que la maniobra sea inmediata, no tiene mayores problemas, pero si no se puede hacer la maniobra en seguida, es recomendable utilizar la maniobra de Boutakow. La estrategia es sencilla: consiste en que gracias a ella volveremos sobre el recorrido que llevábamos, en el momento de la caída del náufrago. Primero se coloca timón a una banda, hasta caer unos sesenta o setenta grados a la misma, y posteriormente se coloca timón a la otra banda hasta navegar al rumbo opuesto al que se llevaba. Si todo sale bien, el tripulante tiene que aparecer por la proa. Por fin, el náufrago se recoge por sotavento, porque si lo hiciéramos por barlovento el viento nos separaría del mismo, y así además le damos socaire respecto a mar y viento.

HIPOTERMIA
La pérdida de calor corporal cuando el cuerpo humano está en el agua puede desencadenar la hipotermia y llevar a la muerte a la persona que la padece. Por eso es imprescindible tratar al náufrago en cuanto lo hemos recogido, cambiándole la ropa mojada por otra seca, abrigándole con mantas y dándole bebidas calientes pero no excitantes, evitando por tanto el café y el alcohol.

RESPIRACIÓN BOCA A BOCA
Si el náufrago a tragado agua y ha dejado de respirar, la situación es crítica, porque la falta de oxígeno aportado a los órganos vitales produce una muerte inmediata. Pero no siempre es así. Existen casos documentados de náufragos o accidentados que después de tiempos prolongados sin respirar, no han padecido muerte cerebral y han podido recuperar la consciencia si han sido bien reanimados. Por eso es tan importante realizar la respiración artificial. Primero vaciaremos la boca del ahogado de cuerpos extraños o agua colocándolo boca abajo, y posteriormente lo colocaremos boca arriba e iniciaremos la respiración artificial situando nuestra boca sobre la suya y tapando la nariz. No sólo estamos introduciendo aire en sus pulmones, sino que además entra oxígeno, porque durante nuestra respiración no hemos consumido todo el oxígeno que ha pasado por nuestros pulmones. El ritmo de las respiraciones es fácil de llevar, pues es el mismo que haríamos en una situación normal. Como referencia podemos calcular unas doce veces por minuto. Es importantísimo mantener la respiración boca a boca el máximo tiempo posible, incluso realizando turnos entre varias personas si es necesario, y nunca tirar la toalla hasta que se pueda llevar al accidentado a un centro médico. Expertos en este tema aseguran que es imposible determinar el tiempo límite en el cual se puede dar por perdido al náufrago, porque cada vez se conocen casos más sorprendentes de personas que se han remontado tras un prolongado período sin respirar.

INCENDIOS Y EXPLOSIONES
Otro de los peores accidentes que nos pueden ocurrir es el de un incendio a bordo. Los barcos deportivos están construidos con materiales muy combustibles, como la madera o los materiales derivados del petróleo. Las normas generales de prevención son de sentido común, como disponer de una instalación eléctrica correcta, con sus correspondiente fusibles y termoeléctricos, de una instalación de gas que cumpla con la normativa, con la botella situada en el exterior de la embarcación, con los tubos en su correcta fecha de caducidad, en fin, controlando situaciones similares a los de una casa. Tomaremos también precauciones a la hora de repostar, sobre todo si lo hacemos con gasolina. Comprobaremos que los tanques de gasolina dispongan de una buena ventilación. Tanto es así que muchos barcos que utilizan este combustibles disponen de ventiladores previos de tanques para utilizarlos antes de dar el contacto de arranque. Pero como el incendio es un accidente relevante vamos a estudiarlo con algo más de profundidad. Anteriormente se hablaba del triángulo del fuego, donde era necesario que existieran tres elementos para que éste se mantuviera: temperatura, oxígeno y combustible. Si se quitaba uno de estos componentes, el fuego se apagaba.
Hoy en día se habla del cuadrado del fuego, porque se le ha añadido un cuarto factor, la reacción en cadena. La reacción en cadena es un fenómeno químico producido por radicales libres que son los que producen la llama. Aefectos muy prácticos, lo único que tenemos que saber los marinos es que existen unas sales especiales que cortan esta reacción en cadena. Este descubrimiento es importante porque una des las preocupaciones para extinguir un fuego es la presencia de instalaciones eléctricas en el mismo. Esta presencia hace que el agua o las espumas no sean convenientes para apagarlos, por lo que los extintores de polvo seco han pasado a ser los más eficaces. Hay que tener en cuenta que en casi todas partes tenemos instalaciones eléctricas, y más en los barcos actuales, por lo que no nos ha de extrañar que los extintores homologados sean los de polvo. Y de ahí es lógico también que sea necesario agitarlos antes de usarlos, para evitar que dicho polvo quede apelmazado en el fondo de la botella y no funcione correctamente.

¿QUÉ ES UN DERROTERO?
Los derroteros son libros imprescindibles para la navegación. Nos dan información precisa de la costa en la que estamos navegando, de sus puertos, sus fondeaderos, zonas de resguardo e incluso características meteorológicas de la zona. Es una información vital que consultaremos antes de preparar la navegación, y de la que dispondremos a bordo para su consulta durante la navegación. El uso habitual de GPS y plotters no nos ha de hacer olvidar los derroteros y su información.

¿QUÉ ES EL MOB DEL GPS?
El MOB del GPS es una tecla que tienen los sistemas de navegación por satélite náuticos que graba automáticamente la posición en la que estamos en el momento de ser apretada.Además, con el programa de navegación de que disponen estos aparatos, podemos conocer el rumbo y la distancia que nos separan de ese punto –donde ha caído el náufrago-, si nos hemos alejado del mismo.

COLOCAR EL FUEGO A SOTAVENTO
Como último consejo,si tenemos un fuego en proa nos colocaremos popa al viento, y si lo tenemos en popa nos pondremos proa al viento, para evitar que las llamas ardan sobre el propio barco y lo hagan hacia fuera.

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