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REDUCIR TRAPO: LOS METROS JUSTOS

Yate nº 490

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Si la navegación con mal tiempo ya es de por sí complicada, al realizarla en un velero las precauciones deben ser más técnicas. Además de gobernar a la mar, hay que llevar las velas adecuadas en la posición correcta.

Lo primero que hemos de entender es el equilibrio entre el centro vélico y el centro del plano de la carena. El centro vélico es el punto geométrico donde se colocaría el vector de la fuerza de empuje del viento. Es, lógicamente, un punto que promedia el centro vélico de cada vela, y en el caso de disponer de sólo dos velas, el génova y la mayor, sería el punto equilibrado entre los dos centros de cada una. El centro del plano de la carena es el punto geométrico en el que se situaría la fuerza que realiza la carena del barco contra el agua para evitar el abatimiento del mismo por el efecto del viento. Lo denominamos centro del plano de la carena porque no es exactamente el centro de carena. El centro de carena propiamente dicho, según la teoría del buque, es el punto de la carena donde se colocaría la fuerza de empuje de la flotabilidad del barco. Bien, en el capítulo de hoy no nos interesa hablar de este centro de carena, lo que nos interesa entender es un concepto más sencillo. Primero, hemos de saber que la carena es la parte sumergida de la embarcación. Este volumen sumergido tiene varias funciones, y una de ellas es evitar que el barco se deje abatir por el efecto del viento sobre sus velas o incluso sobre su casco, lo que denominaríamos obra muerta. Esta es la función que trataremos aquí. Veamos un ejemplo: si en la plancha de windsurf no lleváramos orza –esa placa de quita y pon que atraviesa el casco- el efecto del viento sobre la vela no encontraría resistencia debajo del agua y prácticamente navegaríamos de costado en lugar de hacerlo hacia proa. Otro ejemplo: una balsa salvavidas o una neumática, si se quedan paradas en el mar tienen un gran efecto de abatimiento porque apenas poseen superficie debajo del agua que equilibre el empuje del viento sobre la parte que sobresale del agua. Una vez definidos y entendidos estos dos puntos, el centro vélico y el centro del plano de carena, es muy sencillo entender que ha de haber un equilibrio entre los mismos para que el velero navegue con comodidad. Veamos, si queremos que nuestro velero navegue equilibradamente, hemos de conseguir que el centro vélico y el centro del plano de carena estén en la misma vertical.

EL WINDSURF Y EL PATÍN A VELA
Para entender estos conceptos es interesante estudiar dos embarcaciones a vela que no tienen timón pero que gobiernan sin problemas. El windsurf tiene una orza fija –quiero decir que no se desplaza ni a proa ni a popa- y una vela que el tripulante puede volcar hacia proa o hacia popa. Si la desplaza hacia proa consigue que la embarcación caiga a favor del viento, pero si lo hace hacia popa llevará la proa hacia el viento. Lo único que ha hecho el tripulante es desplazar un centro vélico respecto a un centro de carena fijo. Si lo hace hacia proa desequilibra el par de fuerzas por lo que dicha proa cae hacia el viento, y si lo hace hacia popa consigue el efecto contrario. El patín catalán de vela hace lo mismo pero en este caso no mueve el centro vélico pero sí desplaza el centro de carena. En esta embarcación de dos cascos finos y una sola vela, el tripulante consigue gobernarla moviendo su peso de proa a popa, por lo que el centro de carena se mueve en la misma dirección al hundirse dichos cascos en el agua. Si se quiere orzar –llevar la proa al viento- , lo único que hay que hacer es desplazarse a proa, por lo que el centro vélico quedará más a popa que el centro de carena y la embarcación compensará este desequilibrio dirigiéndose hacia el viento. Si se quiere cambiar el rumbo para navegar a favor del viento –arribar o caer- el tripulante se ha de desplazar a popa. El avispado lector verá que ya no utilizamos la expresión del “centro del plano de carena”, simplificándola en “centro de carena” a secas.

EQUILIBRIO
Toda la explicación anterior vale para entender la importancia del equilibrio entre centro vélico y centro de carena. Hoy en día, con las nuevas tecnologías y la automatización, navegamos la mayor parte del tiempo con el piloto automático, incluso durante la navegación a vela, y el primer consejo que nos atrevemos a dar a nuestros lectores es que de tanto en tanto se ha de coger la caña o rueda y comprobar qué tendencia tiene el barco, si navega con facilidad a un rumbo, o por el contrario tiene tendencia a orzar o arribar. Y por supuesto, antes de conectar el piloto automático navegaremos un rato al timón para sentir la información que nos transmite el timón. Si vemos que tira con fuerza, es que el centro vélico y el de carena están desequilibrados. Pero volvamos al principio.

REDUCIR TRAPO
Los veleros están pensados para navegar en todas las condiciones de viento, pero obviamente su superficie vélica total es la máxima en condiciones de buen tiempo. Si sube el viento lo único que tenemos que hacer es reducir esta superficie vélica, lo que coloquialmente llamamos “reducir trapo”. La primera razón por la que reducimos trapo es para compensar la escora. Si el viento sube y las velas son las mismas, el barco escorará, se inclinará. Y escorar demasiado no es una buena noticia: la vida se hace incómoda en cubierta y en el interior, los materiales -velas, cabos, jarcia- sufren una tensión excesiva que puede llevarles a la rotura, el timón realiza un sobreesfuerzo, en fin, que es de lógica reducir la escora. Esta situación se hace muy patente cuando vamos ciñendo, en contra del viento, porque el efecto de la subida del viento es inmediato sobre la escora. Pero cuando vamos de empopada la cosa cambia. Al navegar a favor del viento ocurren varias cosas. La primera es que el viento aparente es inferior al viento real. Esto quiere decir que, como vamos a favor del viento, nuestra velocidad hace que el viento que apreciamos sea inferior al que registraríamos si estuviéramos parados. Entonces las subidas de viento no son tan evidentes.

También la escora es relativa, porque al navegar en popa el par de inclinación del viento no es tan lateral como longitudinal, por lo que la escora no “avisa”. La conclusión es que cuando se navega en popa, con el viento a favor, hay que estar más atentos a las subidas del viento, porque como nos despistemos nos encontraremos con todo el trapo arriba y un viento que ha arreciado y que nos va a complicar la maniobra. Además de la escora, cuando sube el viento notaremos que el barco se hace más difícil al gobierno. Una de las causas son las olas, lógicamente, pero otra causa es el desequilibrio entre el centro vélico y el de carena. Al escorar, la forma de la carena cambia debajo del agua, e incluso se hace menor de una forma relativa. Y eso hace que la mayoría de veleros tengan tendencia a orzar –llevar la proa al viento- cuando éste arrecia. Así tenemos otro aviso de que las cosas se están poniendo feas. Todo experto regatista sabe que durante la ceñida es bueno que el barco sea “ardiente”. Esta expresión quiere decir que el velero tiene una ligera tendencia a orzar, pero hemos de tener claro que dicha tendencia ha de ser ligera, es decir, que si tenemos que realizar un gran esfuerzo para mantener el rumbo y evitar que el barco orce es que las cosas no van bien.

¿REDUCIMOS MAYOR O GÉNOVA?
Después de todo lo explicado, es de lógica entender que se ha de reducir trapo de una forma equilibrada. No vale arriar sólo el génova o sólo la mayor porque dejaríamos al barco en una situación de desequilibrio entre los centros vélicos y de carena. Si se quiere hacer la prueba se comprobará que el barco no navega bien, no mantiene el rumbo, tiene una excesiva tendencia a orzar o arribar según hayamos arriado una vela u otra. Una vez decidido que hemos de reducir equilibradamente las velas veremos si es mejor empezar por la mayor o el génova. Cuando antiguamente las mayores eran más grandes que los foques era lógico empezar tomando rizos a las mismas. Hoy en día los génovas han desplazado en superficie a las mayores, por razones que ya se comentaron en otros artículos, por lo que no nos ha de extrañar que algunos patrones empiecen reduciendo la superficie del génova antes que la de la mayor, y más si tenemos en cuenta que la mayoría de génovas actuales son enrollables, lo que hace que la maniobra sea mucho más cómoda.

¿CUÁNDO HEMOS DE EMPEZAR?
A pesar de toda la tecnología, la vela todavía sigue siendo un arte, y el momento indicado de iniciar la reducción de superficie vélica depende de muchos parámetros que el patrón evaluará antes de tomar la decisión. Cada barco es diferente. La decisión depende de la eslora del mismo, de su plano vélico, de su orza, del lastre colocado en la misma, de los materiales, de si se está corriendo una regata o se realiza una plácida navegación de crucero, si es de día o es de noche, de la experiencia de la tripulación, del conocimiento de la maniobra del barco por parte del patrón, cómo navega y gobierna el timón en caso de mal tiempo, en fin... Pero existe un consejo que no falla: “Cuando te estás pensando si habría que tomar un rizo o no, es que ya lo deberías haber hecho”. Este sabio consejo es de una lógica aplastante: el patrón inteligente tiene que prevenir antes que curar, adelantándose a los acontecimientos, y evitando que la situación se le vaya de las manos. No pasa nada si navegamos con menos superficie vélica de la adecuada, y menos si no estamos en regata. Para soltar trapo siempre estaremos a tiempo.

LA TRIPULACIÓN
En el punto anterior se ha tocado un tema capital, la experiencia de la tripulación. Estamos de acuerdo que los génovas, incluso las mayores enrollables, nos han simplificado muchísimo la maniobra de reducción de superficie vélica. Pero aún y así la experiencia de la tripulación sigue siendo básica para realizar las maniobras, sobre todo con mal tiempo. El buen patrón tiene que enseñar a sus tripulantes cómo manejarse en situaciones complicadas, tanto en la forma de vestir, como en la posición correcta a bordo, cómo timonear, cómo moverse por cubierta, la forma de trabajar en los winches, a pie de palo, y eso se consigue practicando previamente la maniobra de rizos, el enrollado de velas, unido a explicaciones y comentarios. Sólo izaremos el espinaquer si tenemos la certeza de que nuestra tripulación sabe arriarlo y gobernar el barco con el mismo. Es bueno que los tripulantes tengan puestos intercambiables, es decir que puedan llevar el timón, ir a proa, que sepan arrancar el motor, conectar y desconectar el piloto automático.

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