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PREPARACIÓN DE LA TRAVESÍA OCEÁNICA (II): EL FACTOR HUMANO

Yate nº 501

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1. Introducción2. La cocina

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El mes pasado tomamos la decisión de soltar amarras para una larga travesía. Después de hablar del aparejo, el diseño, el barco y la ruta vamos a estudiar otros aspectos importantes a tener en cuenta.

Los tiempos han cambiado enormemente en los últimos veinte años. Los billetes de avión se han abaratado, los puertos deportivos han florecido por todo el mundo, los envíos se pueden hacer con comodidad a casi cualquier parte del mundo. Las comunicaciones por radio y teléfono son un juego de niños si lo comparamos con antaño. Las conexiones a internet están en todas partes. Hasta un anuncio de nuestra querida Agencia Tributaria utiliza la imagen de un canoso navegante sentado en la bañera de su velero cumpliendo con sus obligaciones. ¿Quién lo hubiera imaginado hace diez años? Lo que hace no tantos años, soltar amarras, era una despedida épica en el pantalán del club se ha convertido en un hasta pronto. Lo que queremos decir con esto es que raro será el viaje en el que la salida sea en barco y la vuelta sea en el mismo barco tras muchos meses de navegación, sin contactos intermedios. Existen marinas serias que nos cuidarán o invernarán el barco si queremos realizar una visita a nuestro puerto de origen, empresas especializadas que embarcarán nuestro yate en un barco mercante y lo traerán sano y salvo a nuestro país de origen, serios y expertos profesionales titulados que se dedican al transporte de barcos con eficacia asegurada. Pero aún y así existe un consejo que siempre es bueno para el navegante: depender lo mínimo del exterior. Lo ideal es plantearse una travesía en la que no se dependa en exceso de la logística tanto en comunicaciones telefónicas y radio como la aeroportuaria y servicios de terceros. Además de conseguir el efecto psicológico de vivir al máximo la navegación, nuestro bolsillo lo agradecerá. El patrón previsor realizará un estudio pormenorizado de la ruta que se realizará, en el cual se marcarán los puertos de recalada, las conexiones con aeropuertos y otras comunicaciones de interés. Lo que no hace mucho era sumergirse en librerías y bibliotecas especializadas ahora lo tenemos en internet apretando una tecla. Pero tampoco desdeñaremos los consejos prácticos de otro navegante que haya realizado la ruta similar. Y la lectura de libros de otras experiencias siempre es enriquecedora además de agradable. Después de estudiado todo lo anterior, el patrón hará un cálculo del tiempo en el que va a estar fuera, los viajes que se puede permitir mientras el barco está amarrado, y la tripulación que le va a acompañar.

LA TRIPULACIÓN
La tripulación No existe ninguna duda sobre el factor más importante en la tripulación para un largo viaje: el carácter y la dedicación. Por encima de la experiencia, los títulos, los lazos familiares, laborales y sentimentales, lo importante es que las personas que estén dentro del barco tengan un carácter que les permita establecer una buena convivencia y que realmente quieran navegar y pasar una larga temporada en el barco. Estos dos factores que parecen de sentido común son olvidados muchas veces y cuando estalla el conflicto ya es demasiado tarde. La misma persona con la que compartimos la cama puede no ser la ideal para una larga travesía. Un colaborador en el trabajo con el que nos entendemos estupendamente no tiene por qué ser el tripulante con el que soñamos. Y no digamos un socio.
Pero entonces… ¿cómo sabremos quién es un buen tripulante?: muy sencillo, navegando y rotando la tripulación. Antes de emprender una travesía larga es imprescindible haber navegado un mínimo de millas para comprobar que existe armonía con cada tripulante. A veces no se necesitan demasiados días para tenerlo claro. Por cierto, cuando decimos que alguien cumple o no las expectativas no es que estemos juzgando esa persona: sencillamente, a veces se encaja y a veces no, y no es culpa de nadie. ¿Quiere esto decir que hemos de romper con nuestra pareja? No, pero a lo mejor los contactos se realizan mientras uno navega y el otro u otra hace las largas travesías por avión. No sería el primer caso. Tripulantes que han llevado una convivencia excelente en un barco con un patrón y una tripulación a lo mejor no han encajado en otra. No es culpa de nadie, es así. Y valga este ejemplo para lanzar un aviso al patrón: tampoco se ha de ser demasiado exigente, porque es labor del patrón poner un poco de psicología práctica, buenas maneras y algo de mano izquierda además de imponer normas. Insistimos, no es fácil, y sólo la práctica y la experiencia nos darán una correcta información. Lo ideal es plantearse una tripulación base muy reducida que nos permita no necesitar demasiada ayuda externa para mantener la independencia y la autonomía del viaje.

EL PRESUPUESTO
Supongo que el lector ya se habrá percatado que este artículo y el anterior sirven más de prontuario y de recopilación de ideas y experiencias que como sesudo estudio pormenorizado de la preparación meticulosa de un crucero, estudios que casi nunca coinciden con la realidad. Emprender una larga travesía sigue teniendo una componente de sueño, desafío y prueba auto impuesta que hace que los manuales no sirvan porque cada caso es diferente. Pongamos una escala de ejemplos: desde el armador que dispone de una tripulación profesional que le prepara y traslada el barco alrededor del mundo, hasta el que se financia la travesía cobrando a charteristas por ocupar una plaza durante diferentes tramos de la travesía, pasando por el que navega solo y va trabajando en puerto, normalmente en labores relacionadas con el mantenimiento, con un presupuesto ajustado y espartano. Además de la familia con un renta media que va educando a sus hijos durante un año sabático, o una mezcla de los anteriores, que también las hay. Cada uno conoce sus posibilidades.
Por eso nos atrevemos a dar un par de consejos. Primero: deje las cosas en tierra bien arregladas, tanto económica como legalmente cubiertas. Haga números de sus gastos en tierra, y deje a una persona de confianza a cargo de sus obligaciones ineludibles, que sepa cuándo es realmente necesario descolgar el teléfono y ponerse en contacto con usted.
Segundo: cuando haya terminado de realizar un presupuesto del coste de su viaje, que comprenderá comida, combustible, seguro, desplazamientos, amarres, comunicaciones, mantenimiento, reparaciones, varada –si navegamos más de un año-, pintura, etc, súmele un cantidad bastante importante de imprevistos, proporcional con el coste de su barco en el mercado de segunda mano y la cifra que le ha salido anteriormente. Y se quedará corto.

LA COCINA
Esta palabra tiene el doble significado: el espacio físico y la acción de cocinar. Vamos a por el primero. Robándole el comentario a mi amigo Carlos, que ustedes ya han deducido se apellida Serra, como ya no tenemos nada que hacer en la mesa de cartas por culpa de los ploter GPS, ya sólo nos queda la cocina para no aburrirnos durante las largas travesías. Realmente en la cocina es donde nos vamos a pasar muchas horas, por placer o por necesidad.
Es muy importante que el espacio sea cómodo, bien ventilado y seguro. La mayoría de cocinas de cruceros están bien distribuidas, pero se puede mejorar el espacio con sencillos cambios: tiras antideslizantes en el suelo, cincha antiescora para el cocinero, redes de estiba que permiten ampliar el espacio, sobre todo para productos que requieren estar ventilados.
Se puede instalar una toma de agua salada con bomba de pie en el fregadero, y se puede estudiar la instalación de alguna nevera autónoma adicional si se dispone del espacio y la alimentación eléctrica adicional. La instalación de la cocina tiene que cumplir con la normativa, con la bombona situada en el exterior, con tuberías no caducadas y en buen estado. Hemos de prever que existen países con propano en lugar de butano, lo que nos obligará a cambiar el espacio de estiba de la bombona al ser más grande, tomas y quemadores en según qué casos.

LA ACCIÓN DE COCINAR
Cocinar en un barco empieza en la compra. La persona responsable tiene que saber comprar, estibar, conservar, distribuir y racionar los alimentos. Se dice rápido pero tiene su gracia. Si se dispone de generador, nevera y congelador hablamos de un tipo de cocina, y en caso contrario hablamos de otra. Y se puede disponer de los mejores productos, pero si no hay quien baje abajo y los cocine ya estamos apañados. Como casi todo en el mar y en los barcos, lo mejor es partir de una base simple: arroz y pastas para ir evolucionando con la experiencia a platos más elaborados. Por fin, no es lo mismo cocinar que lavar los platos.
La limpieza de la cocina tiene que ser por turnos, en caso de que sólo haya un cocinero. Si alguien se queja de la comida a bordo, lo mejor es sugerirle que haga la prueba de cocinar él mismo, en mitad del Atlántico, con un agradable viento alisio que balancea el barco treinta y cinco grados a cada banda. Los embutidos españoles son un excelente recurso en el barco, con el inconveniente de que existen países en los que está estrictamente prohibida su entrada.
Las ofertas de comida preparada, en conserva, semiconserva, liofilizada, en polvo y congelada son tan amplias hoy en día que volvemos a aconsejar lo de la tripulación: lo mejor es practicar y experimentar en travesías anteriores. Valga el ejemplo que en yates de lujo están tan bien pagados los cocineros como los patrones. O a veces incluso más.

LA ENERGÍA
Aunque el precio del gasóleo esté por las nubes, un velero consume poco combustible, por lo que la mayoría optan por esta opción tanto para la propulsión –todos- como para cargar baterías –la mayoría-.
Resulta más cómodo y eficaz que los molinos de viento, las placas solares y otros sistemas alternativos. Los generadores diésel marinos han mejorado muchísimo, e incluso las potabilizadoras y los sistemas de frío. Hoy en día no es ningún lujo disponer de generador, potabilizadora, congelador y nevera, a partir de una eslora que disponga del espacio necesario para su estiba. Para optar por sistemas más espartanos siempre estamos a tiempo.

LA DOCUMENTACIÓN
El barco tiene que estar despachado, en la zona donde realizará la navegación, con los equipos que se exija en cada caso, lo que quiere decir que se tendrá que optar por la zona uno, con la máxima exigencia de equipos de seguridad y comunicaciones. La titulación correspondiente será la de Capitán de Yate, a no ser que nuestra navegación y eslora se puedan circunscribir a las limitaciones de Patrón de Yate y la zona dos.
Es importante negociar bien con la compañía de seguros las condiciones de la póliza, las exigencias que nos van a pedir, en caso de conflicto –las dos anteriores son las primeras que nos van a demandar-. También es bueno ampliar la póliza al remolque y valorar y tasar el seguro a todo riesgo y rescate. También estudiaremos los seguros de las personas, médicos, de repatriación y de enfermedades, además de los de vida, aunque este apartado es muy personal y depende de cada caso.
La siniestralidad en la carretera es enormemente mayor que en el mar, pero vale la pena estar bien informados antes de soltar amarras para que la navegación sea plácida y sin sobresaltos en caso de que las cosas se compliquen. Vale la pena invertir una mañana con nuestro corredor de seguros para saber dónde estamos. El título y los papeles del barco son más importantes para la compañía de seguros que para la Guardia Civil.

LOS PUNTALES
Después de muchas millas navegadas en regata, crucero, transportando barcos y por placer, he llegado a la conclusión de que además de un buen patrón existen tres puntales imprescindibles dentro del barco: un navegante, un cocinero y un “manitas”. No tienen por qué ser los mejores, y la especialidad puede reunirse en una misma persona o dos, incluso el patrón puede o debe desempeñar alguna de ellas, pero si las tres especialidades coinciden a bordo, tendremos una travesía más que agradable. Sobre el cocinero se recomienda leer el apartado dedicado a la cocina.

1. Introducción2. La cocina

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