Ni siquiera en el anterior match resuelto bajo las normas del Deed of Gift, allá por 1988, entre el catamarán de Dennis Conner y el gigantesco monocasco de Michael Fay, hubo tanta incertidumbre sobre el posible desenlace. Esta vez los dos equipos se presentaban con dos multicascos. Dos obras multimillonarias donde la tecnología rebosaba por los cuatro costados.
Catamarán o trimarán, ese era el dilema para este duelo de titanes. Los norteamericanos se decantaron por los tres flotadores, debido en parte a la incertidumbre de las futuras condiciones en las que deberían competir. Así, los de Larry Ellison arrancaron antes que los suizos su diseño y construcción, sin tener claro algo tan fundamental a la hora de concebir un barco como las condiciones del campo de regatas. Y además, con su barco ya en el agua, Alinghi trató de apretar dos nuevas tuercas. Una la autorización del accionamiento hidráulico-electrónico de los winches, con la potencia generada por un motor de combustión. La segunda, tratar de lograr que la medición del barco se efectuase con los tanques de lastre vacíos.
La primera cuestión obligó a modificar el USA 17, ideado, pertrechado y probado ya con sistema de winches de accionamiento manual. Lo de la medición no coló, y seguramente ese fue el gran problema de los suizos, que para no exceder los 90 pies de eslora de flotación tenían que limitar el volumen de sus tanques de agua.
Vuelo USA-17, directo y sin escalas
El hecho de no haber podido navegar juntos ni revueltos impedía tener una idea cierta del potencial de ambos barcos. Nadie podía fundamentar sus pronósticos. Nadie. Tal era la incertidumbre, que incluso la creencia compartida mayoritariamente en ambos equipos se mostró errónea: se pensaba que el Alinghi 5 sería más veloz con brisas y que el USA 17 dominaría con viento fuerte. Pues bien, en los prolegómenos de la primera regata, un barlovento-sotavento con muchas millas de distancia entre ambas boyas, las mayores prestaciones del trimarán del equipo BMW Oracle ciñendo fueron escalofriantes. Se recuperaron de una mala salida, tras quedarse parados y sin gobierno en la aproada previa, con ambos barcos estáticos a barlovento de la línea. Eso sí, antes les clavaron una penalización a los suizos en el cruce de entrada a la caja de salida. Ciñendo fueron recuperando metro a metro, a base de mantener un mejor ángulo, que les permitió salir del desvente suizo y pasarlo por barlovento, a medida que el viento aumentaba hasta unos 12 nudos de intensidad. Alinghi iba pasado de trapo, y los americanos llegaron a navegar sólo con su vela rígida, tras enrollar el génova. Luego, en la popa, las diferencias se acentuaron, en parte de nuevo gracias al mejor ángulo del trimarán, capaz de navegar unos 5-10 grados más caídos.
La segunda de las tres regatas previstas mantuvo de nuevo el suspense del aplazamiento. La débil brisa tardó en establecerse, y nunca superó los 10 nudos de intensidad. Esta vez al Alinghi 5 le tocaba entrar en la caja de salida amurado a estribor, pero lo hicieron tarde y fueron penalizados por ello. Sin aproadas previas, el USA 17 salió más arrancado por el pin de la línea, mientras su rival se iba hacia la derecha. Cuando Alinghi 5 viró navegando a barlovento de su rival, pero con ya casi 500 metros perdidos, la “Virgen de los Alpes” llegó en forma de 20 grados de role a la derecha. Esta vez, el barco suizo ceñía con un génova más pequeño, mucho más corto de grátil, pareciendo que tenía menos problemas para controlar su escora. Llegó a contar con 500 metros de ventaja, que se fueron esfumando a medida que el viento recuperaba su dirección inicial. Siendo las boyas a estribor, USA 17 esperó hasta el layline para virar, y cruzó por popa de su rival, muy cerca, quien no se atrevió a virar a sotavento, alargando el bordo y pasándose de boya. Luego no hubo historia. Con casi medio minuto de ventaja en la primera boya, en los dos largos siguientes el USA 17 aumentó su superioridad escandalosamente. Dos a cero y la Jarra de las Cien Guineas vuelve a Estados Unidos tras perderla en 1995.








