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Raro es el crucerista cuyo velero equipa enrollador de génova que lo desmonta de vez en cuando para limpiar y engrasar los tambores. Para la mayoría basta un manguerazo al tambor inferior con agua dulce de vez en cuando. Y no hablemos ya de bajar la vela, que generalmente no se toca en años. Lo cierto es que la suciedad, el salitre o el polvo también se depositan en el tambor superior del enrollador. Por eso los expertos recomiendan, una vez al año o tras una temporada intensa, una limpieza de esta pieza con agua a presión y aplicarle un lubricante específico, para que los rodamientos trabajen con suavidad.
Antes de salir al mar, siempre que vayamos con la familia o amigos no experimentados, es conveniente dedicar un momento a explicarle a nuestros invitados cómo se pone en marcha el motor, cómo se embraga y cómo se da avante o atrás y se apaga. Es sencillo, sólo requiere un par de minutos y nos puede ser de mucha utilidad en caso de problemas. En el caso extremo de que el patrón caiga por la borda y no pueda regresar a bordo por sus medios, esta pequeña explicación puede salvarle la vida.
Cuando es necesario realizar trabajos en la obra viva, ya sea en puerto como fondeado, será de gran ayuda pasar un cabo de banda a banda del barco por debajo de la quilla. Este recurso permitirá sujetarse a esta guía y evitará tener que nadar para mantenerse quieto. El gran cuidado que hay que tener es tensar el cabo a conciencia para evitar movimientos inoportunos y que no se zafe, ya que de ocurrir eso podría lesionarse quien trabaja bajo el agua o dañarse la hélice.
Nadie está exento, dado el estado nuestros mares y puertos, de que un cabo, un plástico, un trozo de red o un sedal se enreden en la hélice de nuestro barco impidiendo que gire. Que le ocurra a usted, si todavía no se ha encontrado en esta eventualidad, es sencillamente cuestión de tiempo. Y desenredarlo es un problema si no se dispone de un equipo de buceo autónomo. Para facilitar el trabajo , una ayuda será colocar todos los pesos posibles del barco a proa, tripulantes incluidos. Así la popa subirá, aunque sea poco, haciendo más llevadero el trabajo con unas simples aletas y gafas de buceo. Unos plomos o un peso en la cintura ayudarán también. Ah! Y no olvide sujetar el cuchillo a la muñeca.
El sistema que muestra el dibujo vale para cualquier driza, ya sea de génova, de mayor o de espinaquer. Es sencillo de confeccionar, ya que basta una bola de plástico a la que se practica un agujero a través del cual pasará el cabo. El propósito es claro: evitar que el nudo que ata el chicote de la driza al cáncamo al que engatillamos el ollao de la vela se quede trabado en la roldana de entrada al palo al izar la vela. Si esto sucede, cuando queramos arriar la vela en cuestión puede que ésta no caiga por el solo peso de la vela, con lo que tendremos que subir al palo para tirar de ella. Si este sencillo sistema nos evita una subida al palo, sobre todo en plena navegación, ya habrá valido la pena.
Cuando amarremos la embarcación a un muerto deberemos procurar dejar bastante cabo para que en caso de marejada las olas la eleven lo suficiente para que no encapille y se inunde.
La generalización del uso del enrrollador ha creado un problema antes inexistente. Cuando se regresa de navegar son pocos los patrones que recuerdan que es importante quitarle tensión a la driza del génova para prolongar su vida útil.