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Revista Náutica

GRECIA: UN RECORRIDO POR EL EGEO OCCIDENTAL

Yate nº 503

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La travesía que proponemos empieza y termina en la Marina Alimos, Atenas, y sale con rumbo al grupo de las Cícladas occidentales: Kea, Kithnos y Serifos. De Serifos damos un salto hasta Monemvasia, la “Gibraltar griega” situada en la península del Peloponeso que remontamos hasta regresar de nuevo a Atenas. Una travesía muy completa, que no nos va a decepcionar, al alcance del navegante iniciado e ideal para realizar en familia a la que le sobran razones para ser catalogada como “ruta cinco estrellas”.

Por las características meteorológicas de la zona, la travesía que sugiero puede realizarse con vientos de través y portantes en casi su totalidad. Desde el punto de vista cultural y paisajístico, este viaje ofrece un interesante contraste entre Cicladas y Peloponeso. Las Cicladas con su paisaje sobrio y poderoso, de islas rocosas con pueblos de casitas blancas, con la ermita en lo mas alto; la costa del Peloponeso más verde y montañosa, con una arquitectura de influencia bizantina y veneciana. El mar Egeo es uno de los enclaves privilegiados del Mediterráneo; otrosí de la infinidad de islas, islotes y fondeaderos, la gran cantidad de puertos de pescadores con capacidad para dar abrigo a embarcaciones de recreo y las pocas aunque suficientes marinas modernas, nos sorprende con un espectacular paisaje y un bagaje cultural donde mitología, leyenda e historia se mezclan hasta confundirse. Además, nuestra ruta se aleja de la zona de influencia de Atenas y escapa de las aglomeraciones típicas de los meses de verano.
El meltemi, impetuoso viento del norte, es el protagonista de la zona central del mar Egeo durante los meses estivales; si bien la ruta que proponemos se mantiene en los márgenes de la zona de mas intensidad del meltemi, hay que tenerlo en cuenta a la hora de programar el viaje.

Serifos



















Deberemos estar equipados con una ancla bien dimensionada y cadena suficiente (50 o 60 metros como mínimo), puesto que en la mayoría de los puertos se atraca con ancla por proa y popa al muelle. Salimos de la marina Alimos un soleado día de agosto a bordo de nuestro Bavaria 47. La primera etapa nos lleva hasta la isla de Kea, situada a unas 40 millas de Atenas, y puesto que el cabo Sunion queda en el camino, paramos para darnos un baño, comer y contemplar el famoso templo de Poseidón, el dios griego del mar, hijo de Cronos y protector de los navegantes. La pequeña bahía a pie del templo no es recomendable para pasar la noche con meltemi establecido pero sí una parada obligada para tomar un baño y contemplar de cerca uno de los antiguos templos de la cultura griega. Al atardecer atracamos en el puerto de Livadhi, en la isla de Kea. Alrededor del puerto encontramos un buen número de restaurantes con terraza donde degustaremos la típica comida griega contemplando el mar, a pocos metros de nuestra embarcación.
Cabo Sunión y Templo de PoseidónNuestra siguiente jornada consiste en una navegación de 20 millas hasta la isla de Kithnos. En Kithnos existe la posibilidad de encontrar el puerto lleno, puesto que es relativamente pequeño. Si queremos asegurar el amarre, es recomendable llegar a puerto a media tarde, cuando la mayoría de la flota todavía está navegando o fondeada en alguna cala, aunque siempre nos quedará la opción de fondear.
A la mañana del tercer día salimos rumbo a Serifos, en una corta navegación de apenas 15 millas. En poco mas de una hora estamos atracados en el puerto de Serifos, dentro de una hermosa bahía que se forma en el lado sur de la isla. En Serifos, no nos podemos perder la excursión hasta la chora o pueblo principal. Desde el puerto hay autobuses para subir hasta lo alto de la colina, donde se encuentra la chora, una de las mas bonitas de las Cícladas. La siguiente etapa es la mas larga de nuestra travesía; algo mas de 80 millas separan Serifos de Monemvasia, en la costa del Peloponeso. Preparamos la comida la tarde anterior para no tener que cocinar durante una jornada de navegación que puede ser movida y soltamos amarras con la salida del sol. Antes del anochecer hemos echado amarras en el puerto de Monemvasia y vamos directamente al café Kastro, el restaurante de Janis, un buen amigo griego casado con una pamplonica cuya especialidad es el pulpo a la brasa.

Monemvasia marca el ecuador de nuestro viaje y bien se merece un día entero para poder visitar el pueblo de origen bizantino y los alrededores. Es conocida como la “Gibraltar griega” por estar asentada sobre un peñón en el mar.
En la calle principal encontramos un buen número de pequeñas tiendas, cafés o restaurantes, perfectamente integrados en la arquitectura de la ciudad. En lo alto del peñón se encuentra la antigua fortaleza; desde lo alto la vista de la ciudad es una auténtica maravilla.
YerakasLa siguiente parada, Yerakas, en también obligada; a tan solo cinco millas de Monemvasia, una lengua de mar con una entrada estrecha, difícil de localizar incluso si navegamos cerca de la costa, se adentra en la tierra entre altas colinas. Cuatro casas y tres tabernas aparecen detrás de las rocas. Largamos el ancla y damos atrás hasta el pequeño muelle, haciendo firme los cabos de popa justo delante de la taberna de nuestro amigo Nodas; pedimos las cervezas mientras terminábamos de amarrar... un auténtico lujo.
Al día siguiente, partimos de Yerakas rumbo a la bahía de Kiparisi, 15 millas al norte siguiendo la costa. Las montañas caen hasta el mar y a pocos metros de la costa tenemos fondos limpios con sondas de más de 40 metros lo cual nos permite navegar pegados a tierra. La brisa térmica de las horas centrales del día llena las velas y nos empuja con suavidad.
Entramos en la bahía de Kiparisi; el tibio sol del atardecer tiñe de rojo el paisaje. Atracamos con ancla por proa y cabos a tierra, como de costumbre; el sol se esconde detrás de las montañas que prácticamente nos rodean y quedamos en medio de la paz mas absoluta.
Desde Kiparisi regresamos a Atenas haciendo parada en Idra, Poros y Egina, las tres perlas del golfo Sarónico. Aunque se encuentran en zona de influencia turística y sus puertos se llegan a sobresaturar, cada una de estas islas tiene su propio carácter. Idra, con sus elegantes edificios de mármol, sorprende por no tener vehículos a motor en toda la isla aunque durante los meses de verano el pequeño puerto se convierte en un auténtico caos. Poros tiene un puerto mucho mas amplio y, si se llega a llenar, siempre tenemos la posibilidad de echar el ancla en alguno de los muchos fondeaderos que hay alrededor de la isla. Ofrece buena protección y bien se merece una visita.
Egina es nuestra última parada. Después de visitar el pueblo y cenar en una de las tabernas que hay cerca del mercado, podemos fondear a Ayia Marina, al noreste de la isla y así pasar la última noche a la gira. A la mañana siguiente recogeremos el ancla y recorreremos las poco mas de 15 millas que nos separan de la Marina Alimos. Habremos cerrado el ciclo.

DÓNDE FONDEAR
Fondeo
Si bien esta ruta ofrece innumerables opciones para el fondeo, uno de mis favoritos se encuentra en la bahía de Kiprisi, en la costa oriental del Peloponeso; una amplia bahía, muy tranquila y de belleza excepcional, con varios rincones para fondear. Probablemente el mas espectacular es el rincón que se forma en el extremo norte de la bahía, a una milla del pueblo: con un pequeño muelle pesquero, una taberna típica rodeada de pinos y una cala recogida de piedritas blancas y agua transparente.



APUNTES DE BITÁCORA
Distancia recorrida: 230 millas
Días necesarios: 10
Singladura más larga: Serifos-Monemvasia, 85 millas
Puertos de recalada sugeridos: los de las islas Cícladas, el de Idra (aunque un poco caótico) y el de la isla de Poros.
A no perderse: en Atenas, la visita a la Acrópolis es obligatoria. Desde el puerto de Palaia Epidauros, unas siete millas al oeste de la Península de Methana, podemos visitar el famoso teatro de Epidauros. Hay taxis y servicio de autobús desde el mismo puerto en un trayecto de media hora; también hay excursiones desde Atenas aunque el trayecto es algo mas largo.
El mejor restaurante: El café Kastro de Janis es la mejor opción para cenar por un precio económico; especialidad en pulpo a la brasa y excelente ensalada griega con productos de propia cosecha. Si buscamos algo mas sofisticado, encontraremos una amplia oferta de restaurantes en el pueblo medieval de Monemvasia.

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