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ELECCIONES Y FEDERACIONES

Yate nº 501

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1. Cabos sueltos

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El mundo del deporte español anda un poco revuelto. ¿Será porqué este año corresponde hacer elecciones en todas las federaciones españolas? Con independencia de que este sea un año electoral se están produciendo noticias de carácter mixto, mitad administrativas, mitad deportivas, de cierto calibre. Les pondré algunos ejemplos. El primero es el anuncio de cese del actual seleccionador español de baloncesto, José Vicente Pepu Hernández, quien, con un palmarés extraordinario, ya anunciado que dejará ese trabajo en cuanto regrese de los Juegos Olímpicos. De entrada, su segundo de a bordo, Joan Chichi Creus, ya ha dejado su cargo para pasar a ocupar el asiento de director de la sección correspondiente en el Fútbol Club Barcelona. Otro. Los jugadores españoles de Copa Davis -tenis- manifestaron reiteradamente que querían disputar la ronda española en una ciudad que estuviese a nivel del mar, para poder elegir campo frente a la formación que representará a los Estados Unidos. La elección de la Federación Española de Tenis ha sido Madrid. Rafael Nadal no se cortó un pelo a la hora de criticar al presidente y, claro, no es lo mismo que critique un entrenador de un club de pueblo que lo haga uno de los mejores jugadores de la historia...

Pero seguramente el caso más noticiado -y después enterrado- ha sido el de las elecciones anticipadas en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). La cosa es que el gobierno publicó la Orden Ministerial 3567/2007 de 4 de diciembre, publicada el día 8, por la que se regulan los procesos electorales en las federaciones deportivas españolas, según la cual todas las federaciones no olímpicas, y aquellas olímpicas que no tuviesen que participar en los juegos de Pekín 2008 debían iniciar sus procesos electorales en el primer trimestre de 2008. Ángel María Villar, presidente de la RFEF se negó a convocar las elecciones en esos plazos, alegando que él mismo y el resto de los cargos federativos habían sido elegidos por un período de cuatro años y que ese período no se habría cumplido en el momento que el gobierno decidió que habían de convocarse las elecciones. El gobierno español, a través del presidente del Consejo Superior de Deportes, Jaime Lissavestky, insistió, se mostró inquebrantable, firme en sus convicciones y sólido en sus principios. Lo que se publica en el BOE va a misa. Solicitado por parte de la RFEF amparo a la federación internacional correspondiente, ésta aseveró, resumidamente, que las leyes de un país no van con ella y que cualquier intromisión en la federación nacional daría como inmediato resultado la expulsión fulminante de la RFEF y de todos sus clubes de las competiciones internacionales. Ante la posibilidad de quedarse sin Champions, sin UEFA y sin Eurocopa, en la que, como siempre, no pasaremos de octavos, el gobierno español se olvidó del asunto. Todo un ejemplo de cómo una federación internacional que nunca ha sido alabada por su transparencia se impone ante un gobierno democrático de un país soberano. Ya lo decía Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no le gustan puedo cambiarlos”. ¿Tenía el gobierno que haberse mantenido en sus trece? No decimos eso, pero tal vez lo que tenía que haber hecho es no meterse en fregados de los que después es difícil salir. Pero las risas -o los llantos- están todavía por llegar. Por primera vez la Orden en cuestión regula de verdad el voto por correo, de tal modo que los electores deben identificarse adecuadamente ante el funcionario de correos para poder ejercer el voto no presencial, previa solicitud por escrito y recepción de los documentos necesarios en su propio domicilio. ¡Pánico y pavor ha causado esto en las federaciones!

Por si ustedes no lo recuerdan, un caballero accedió a la presidencia de cierto club de fútbol de primera división gracias a que se evitó el mangoneo con el voto por correo. También fue sonada la última contienda electoral en la Federació Catalana de Fútbol, que experimentó una sonada renovación cuando la Generalitat de Catalunya reguló el voto por representación, tras una tanda electoral en la que los votantes, representando a clubs de los cuales a menudo no eran ni socios, acudieron a depositar la papeleta en autocar, en autocar fletado por los candidatos... Resumidamente podemos explicarles que antes el voto por correo se efectuaba a la babalá, sin ningún control eficaz, reuniendo fotocopias de los DNI de los deportistas o árbitros y poniendo un garabato al pie de una hoja fotocopiada en la que se incluían los nombres que interesaban a las candidaturas correspondientes. Hemos vivido en primera línea un montón de procesos electorales y era para hacer un libro. Ahora las cosas no es que vayan a cambiar mucho, no, ahora lo que sucede es que quien quiera optar al cargo tendrá que trabajárselo. Hay que contactar con los votantes, explicarles que pidan la documentación por correo, sugerirles a quien tienen que votar, con el riesgo que esto supone... ¿Qué riesgo? ¡Riesgo de que voten a otro! Y a continuación hay que confiar que todas estas personas acudan a la oficina de correo a depositar las papeletas correspondientes. Vaya, como en las elecciones políticas normales. Eso suponiendo que cada votante no prefiera acudir personalmente a las urnas que, por descontado, están sólo en la federación española correspondiente o en las sedes autonómicas o territoriales si la importancia del deporte así lo exige. Pero, en cualquier caso, la urna no está a la vuelta de la esquina ni tal vez en tu pueblo o provincia, de modo que lo más práctico es efectuar el voto por correo. Los jerifaltes pierden el control sobre el electorado de un modo tan radical que auguramos cambios en muchas federaciones deportivas españolas. ¿Vela? ¿Motonáutica? ¿Esquí Náutico? Veremos, veremos... Pero en cualquier caso esto sí que está bien. El proceso es más complicado, pero más limpio. El que quiera optar a un cargo, se lo tendrá que trabajar y el que quiera decidir tendrá que moverse si quiere votar y, si no vota, luego que no se queje.

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