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DE HONDARRIBIA A PORTBOU: VUELTA A LA PENÍNSULA IBÉRICA (II)
estrecho Gibraltar Portbou regata vuelta península ibérica  
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Daniel Marín
1. Introducción2. Más información
La segunda y última parte de la vuelta a la Península Ibérica implicaba unir Cádiz con Portbou. Cruzar el estrecho de Gibraltar y otras sorpresas que el mar nos tenía reservadas han llenado de emociones esta segunda etapa del viaje. El paso por casa, Port Torredembarra, y más tarde completar la vuelta son momentos que ya no se borrarán de nuestras cabezas.
Llegamos a Cádiz a reencontrarnos con nuestro velero. Allí estaba Rapsodia impaciente, dispuesto a acompañarnos en todas las singladuras que fuésemos capaces de imaginar. No lo hicimos esperar mucho, la previsión para pasar el estrecho se estaba complicando por momentos y teníamos que darnos prisa.
Avanzábamos a motor con viento flojo, costeando toda la noche con un hermosa luna llena que nos ayudaba a navegar con seguridad a pesar de la proximidad
de la costa.
Lo teníamos todo programado para pasar el estrecho al amanecer, cuando los vientos suelen caer en intensidad, aprovechando las corrientes favorables que tendríamos desde la madrugada.
El parte de fuerza 4 en el estrecho que se iba a reforzar a partir de las seis de la mañana para llegar a fuerza 5 e incluso fuerza6. Sabíamos que a partir de fuerza 5 por la proa no seríamos capaces de pasar el estrecho y eso nos mantenía preocupados, ya que el Levante iba a durar varios días. Por una vez estuvimos contentos de que la previsión meteorológica se equivocara. Pasamos Tarifa y el Levante se mantenía moderado y no nos causaba mayores dificultades, pasamos punta Europa ya amaneciendo sin ningún contratiempo.
Estábamos eufóricos, ya navegábamos en el Mediterráneo y descorchamos una botella de cava para celebrarlo. De acuerdo no era Hornos, ni Buena Esperanza ni Leeuwin. Una hora después estaban soplando veinticinco nudos de Levante en Tarifa, de sobras para habernos impedido cruzar.Sin lugar a dudas, una vez más nos acompañó la suerte.
MAR DE ALBORÁN
Seguro que lo habéis oído mil veces: ¿cuál es el viento dominante del Mediterráneo?. Efectivamente, el de proa. El archifamoso “Morral” nos acompaño por todo el Mar de Alborán para recordarnos que estábamos en nuestro queridísimo Mediterráneo. Motor, motor y más motor ya que no disponíamos del tiempo suficiente para avanzar dando bordos contra un viento de proa de apenas cinco nudos. Pero el mar de Alborán nos tenía preparada una sorpresa, un regalo de bienvenida que yo creo que teníamos bien merecido después de navegar mas de mil millas sin haber podido contemplar un solo delfín.
Un calderón vino a situarse bajo el casco de Rapsodia, como invitándonos a seguirlo, parecía que barco y calderón se entendían y de repente nos encontramos siguiendo a ese precioso animal rumbo al Este, justo hacia donde estaba empezando a salir el sol.
La sorpresa fue aún mayor al encontrarnos de frente con una gran manada de calderones, con enormes machos, y numerosas hembras con sus crías juguetonas. Pudimos disfrutar largo tiempo de estos sociables mamíferos, perdiendo todas las regatas que hicimos con ellos, ofreciéndoles la sombra de nuestro casco donde quedaban inmóviles llegando a rozar nuestra orza.
Al final un gran calderón lanzó un enorme chorro por su respiradero, mojando la proa de Rapsodia, a su tripulación y sus cámaras fotográficas, rompiendo el hechizo del momento y haciéndonos romper a reír a todos. La manada empezó a navegar dispersa buscando comida así que nos despedimos.
DE ALMERÍA A COLUMBRETES
Pasamos la noche en Almería y después seguimos hacia Cabo de Gata donde nos dimos un respiro en un tranquilo fondeo. Después seguimos remontando el Levante con alguna parada pero sin dejar de tragar millas.
Así pasamos entre cabo de Palos y las Hormigas, cerca de Tabarca, rumbo a Alicante. Dejamos por babor el islote de Benidorm, que parecía un agujero negro en la costa en esa noche oscura como la boca de un lobo.
Pasamos el peñón de Ifach y un precioso día de fondeo al sur del cabo La Nao, doblamos cabo La Nao y San Antonio y arrumbamos directamente a las islas Columbretes, un lugar especial para nosotros donde nos habíamos formado como navegantes y que no queríamos dejar de visitar en esta travesía.
El tiempo nos acompañó y llegamos navegando a vela en un soleado día de finales de septiembre. Unas islas, como siempre, encantadoras. Pero esta vez fue especial, esta vez arribábamos a Columbretes en nuestro propio barco, Rapsodia. Fue su primera vez.
FINAL INESPERADO
Desde las islas Columbretes pretendíamos arrumbar directamente a nuestro puerto base, Port Torredembarra. Con esa intención salimos al atardecer con una previsión ideal de vientos moderados del sur que nos llevarían a nuestro destino. Pero el mar tenía que decir la última palabra y decidió que no iba a ser así. El viento empezó a subir hasta quedarse establecido en fuerza 7 por la popa (SSO). Esto se veía agravado porque la previsión al cruzar el delta del Ebro era de fuerza 6 de Mistral (NO) lo que iba a generar un mar cruzado considerable en la zona de poca sonda adyacente al delta. Sabemos como las juega el Mistral en esa zona. Las olas muy verticales ya superaban los dos metros y seguían creciendo rápidamente. Por si nos estábamos empezando a creer inmunes al viento, Eolo quiso poner la cosas en su sitio. Así que cuando escuchamos el aviso, decidimos refugiarnos en Vinarós. Arribar a puerto no fue fácil ya que tuvimos que navegar casi al través de las olas y estas eran muy escarpadas y altas. Pero sorprendentemente el barco mantenía el rumbo y levantaba la popa airoso en cada embestida del mar.
Solo tuvimos un par de tumbadas que nos trasladaron a un estado mezcla de euforia y preocupación. Con la lección aprendida, esperamos tiempos mejores y pasamos el delta del Ebro sin más contratiempos para cubrir las últimas millas hasta Torredembarra. Allí pudimos disfrutar del recibimiento de la familia y celebrar de nuevo con cava que habíamos cumplido nuestro principal objetivo.
Ya teníamos el barco en casa, ahora solo faltaba subir hasta Francia para completar la vuelta a la Península Ibérica, la excusa perfecta que nos había permitido imaginar y después realizar el traslado desde Hendaya hasta Torredembarra de nuestro barco.
COMPLETAR EL RETO
Pasó algo de tiempo, que dedicamos a mejorar algunos aspectos de nuestro velero, antes de que finalmente nos decidiéramos a emprender las últimas millas de nuestra vuelta a la Península Ibérica. Partimos de Torredembarra con una meteorología favorable que nos permitiría disfrutar de los últimos coletazos de nuestra aventura. Empezamos a ganar millas hacia el Norte e incluso nos atrevimos a participar en una regata costera hasta las islas Medas en medio de nuestras singladuras, lo hicimos con más voluntad que éxito.
Doblamos el cabo de Creus sin contratiempos, en una tarde apacible, siempre a motor. Entramos de nuevo en aguas francesas y izamos de nuevo el pabellón de cortesía del país vecino, el mismo que nos había acompañado a la salida de Hendaya dos mil millas allá en nuestra popa. Llegamos a Colliure la tarde del 30 de abril de 2007. Eolo quiso que pudiésemos recorrer las últimas diez millas a vela con un viento fresco por la aleta y con mar plano.
La entrada a Colliure fue un precioso colofón para la travesía, evocador lugar para fondear rodeados de historia. Pero como en esto de la vela nunca debe uno bajar la guardia, cuando enrollamos el génova y nos estábamos adentrando en la bahía a motor, éste se paró súbitamente.
Logramos arrancarlo de nuevo pero no aguantó más que unos segundos, rápidamente reaccionamos, no nos apetecía nada acabar nuestro viaje abarloados al castillo de Colliure o embarrancados en esa preciosa playa. Teníamos espacio para maniobrar así que en lugar de largar el fondeo aprovechamos el viento atenuado que entraba en la bahía para sacar de nuevo el génova y salir navegando a un descuartelar ante la mirada de sorpresa de todos los que estaban allí fondeados, una vez fuera y viento en popa pudimos comprobar que nos habíamos quedado sin gasoil. Así aprendimos la última lección: nunca bajes la guardia.
EL REGRESO A PUERTO
Como no logramos repostar al día siguiente que era primero de mayo, nuestra penitencia fue empezar el regreso a nuestro puerto base barloventeando contra un viento de proa de fuerza 5 a 6. Fueron necesarios 30 bordos para unir cabo de Creus y Port d’Aro durante dieciséis horas en que buscamos siempre la protección de la costa. Finalmente entramos a repostar en Port d’Aro con los litros que manteníamos de nuestro bidón de emergencia. Después tuvimos chubascos, vendavales de proa, lluvia y frío, pero esta vez los elementos no eran capaces de borrar la sonrisa de nuestras caras. Ya estaba hecho. Hendaya-Colliure. Nuestro sueño se había cumplido.
DOBLANDO CABOS
Uno de los alicientes de la travesía ha sido, sin lugar a dudas, doblar todos los cabos de nuestra costa peninsular. Machichaco, Ajo, Peñas, Estaca de Bares, Ortegal, Prior, Vilano, Finisterre, Carvoeiro, Da Roca, Sao Vicente, Trafalgar, Tarifa, Punta Europa, Gata, Palos, La Nao, Tortosa, Begur, Creus y tantos otros que no cabrían en la lista.
Algunos nos lo pusieron un poco difícil, otros nos mostraron su cara más amable. Unos fueron acantilados imponentes, otros solo faros en la noche. Uno siente orgullo de haberlos doblado todos y agradecido a Eolo y Neptuno por permitirnos hacerlo sin apenas contratiempos.
MAR DE FONDO
Somos navegantes del Mediterráneo y para nosotros el mar de fondo es aquella pequeña olita que no acaba de coincidir con la dirección del viento que es la causante de mareos de los tripulantes poco acostumbrados al vaivén del mar.“Había un mar de fondo de un metro” -me comentaba hace un tiempo un amigo navegante de Cambrils. “Pero es muy difícil de apreciar en las fotos” -me repetía mostrándome una fotografía con el mar en calma. El mar de fondo de verdad era una de las características del Atlántico que estábamos deseosos de conocer. Tuvimos la suerte de disfrutar de uno de entre tres y cuatro metros por la aleta de estribor en nuestra bajada por la costa de Portugal. Esto si es mar de fondo. Fue una auténtica novedad para nosotros y caramba si se puede apreciar en las fotos, con la ayuda de este pequeño pesquero portugués.
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