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CÓRCEGA Y CERDEÑA: LAS PERLAS DEL MEDITERRÁNEO
Capo di Feno Cerdeña Córcega Costa Esmeralda Isla de Asinara Montegrosso Porto Torres  
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Marta Capdevila
1. Introducción
Todavía quedan islas en el Mediterráneo donde el navegante puede echar el ancla en recónditas calas de agua transparente entre aromas de tomillo, mirlo y romero.
Las casi siete millas que separan las islas de Córcega y Cerdeña tienen en el estrecho de Bonifacio, laberinto de islas, rocas e islotes bajos, su punto más difícil. Para llegar a buen puerto nunca deben perderse de vista los faros y sobre todo contar con excelentes cartas de navegación. Una vez se han tomado todas las precauciones sólo queda por decidir en cuál recalar primero.
DE CORSOS…
Los cerca de mil kilómetros de la extensa y abrupta costa de Córcega esconden una isla verde y boscosa. Las calas de guijarros, los golfos de arena fina y los acantilados salvajes que dibujan el litoral también ofrecen pequeños fondeos donde resguardarse del temible Mistral. El puerto de la ciudad de Calvi, con su inmensa bahía y los muros de la antigua ciudadela entrando en el mar, acoge a los navegantes en su primer contacto con la isla. Desde aquí es fácil organizar una recalada en el centro balneario de Ille Rousse, puerto base para conocer los pueblos de Montegrosso: Lunghignano, Cassano y Montemaggiore, así como el valle de Ostriconi. En el golfo de Porto, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, los acantilados de granito rojo descienden de forma dramática sobre el mar. Hacia el norte, divisando desde el mar su escarpado paisaje volcánico, se llega a la península de Girolata, sólo accesible por mar o a pie. Al norte de este lugar se creó la reserva natural marina y terrestre de Scandola. Desde Porto hacia el sur se abre Piana, con sus formaciones graníticas salpicadas de cavidades naturales que fueron habitadas en la prehistoria. Y más al sur, Cargèse, localidad conocida por haber acogido en 1676 una colonia griega, que abre las puertas al golfo de Sagone y a los bosques del Parque Natural Regional. La ruta sigue por el golfo de Ajaccio, que pasa por ser uno de los más bellos del Mediterráneo. Capo di Feno, la punta de Paratta, las islas Sanguinaires y Porticcio son lugares privilegiados de naturaleza salvaje plagada de calas y playas de arena fina. En el interior se esconde la cascada de Voile de la Mariée, con una caída de 70 metros de altura. Desde la zona protegida de Roccapina y su playa de arena hasta el encantador puerto de pesca de Porto Pollo hay numerosas calas donde fondear. No hay que perderse Sartène, conocida como “la más corsa de las ciudades corsas”, como paso previo al enclave del golfo de Pinarellu y la ciudadela de Bonifacio, desde donde podremos dirigirnos a Toscaza, un puerto seguro y de fácil acceso, y al laberinto de las pequeñas islas Lavezzi, parque marino internacional desde 1982.
…Y SARDOS
Las profundas y recortadas entradas de los 60 kilómetros de costa sarda, jalonada de golfos y ensenadas, así como las numerosas islas e islotes que salpican las Bocas de Bonifacio, configuran un paisaje árido y agreste, típicamente mediterráneo. La mayoría de navegantes que llegan a Cerdeña, aunque es innegable la belleza y autenticidad de la costa este, escogen la famosa costa Esmeralda, donde asimismo navegan cada año algunos de los megayates más impresionantes del mundo. Si se parte de Alguer la ruta a la costa Esmeralda pasa por la rada de Porto Comte, bajo la protección del hermoso cabo Caccia. Desde aquí hasta Stintino, la costa discurre alta, rocosa y casi deshabitada durante más de treinta millas. A lo largo de este tramo hay refugios como Porto Ferro, una pequeña bahía con fondo de arena. Stintino la fundaron a finales del siglo XIX las familias de los reclusos de la penitenciaría de la vecina isla de Asinara. El paso entre esta pequeña isla y Cerdeña ahorra la veintena de millas que supone rodear Asinara. La escala en Stintino es muy recomendable, ya que dispone de dos puertos naturales, Porto Manu y Porto Minore, además de un amplio muelle de protección y pantalanes adosados al dique exterior de abrigo, donde también es posible fondear.
En la isla de Asinara, declarada Parque Nacional, los barcos deben ceñirse a fondear en los pocos lugares autorizados. Dos de ellos son la playa de la Pelosa y el islote Piana. Dejando de lado el enclave de Porto Torres, en la ruta hacia las bocas de Bonifacio también se puede recalar en el moderno puerto deportivo de la población fortificada de Castelsardo. Desde aquí al cabo Testa hay 30 millas sin apenas refugios, siendo el más seguro la Isola Rossa, un pequeño pueblo de vacaciones con puerto deportivo. Tras pasar el cabo Testa se llega al estrecho de Bonifacio, un laberinto de islas, calas y rocas. La Maddalena, el principal núcleo urbano de las islas, tiene un animado puerto, colorido mercado y numerosos restaurantes que salpican sus callejuelas. La ruta sigue por los pequeños puertos naturales, casi todos de ambiente turístico, de la costa de Gallura, como Santa Teresa de Gallura, Palau o Cannigione.
ALGUNAS EMPRESAS QUE OPERAN EN LA ISLA
Rumbo Libre: 607 636 232 - www.rumbolibre.com
Força 6: 93 451 13 38 - www.f6web.com
Moorings: 97 145 31 38 - www.moorings.com
Sonamar: 617 366 362 - sonamar.net
Mediterranean Charter: 93 555 63 24 - www.mediterraneancharter.com
1. Introducción
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