ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Miquel Mallafré
La administración pública suele ser el blanco de todas nuestras iras y la culpable automática de todos los males que nos atañen, sean pequeños o grandes, también en el ámbito de la náutica.
Piove, goberno ladro (llueve, gobierno ladrón) dicen los italianos, significando que aún la lluvia es culpa del gobierno. Pues bien, por extraño que les pueda parecer, no todo es culpa del gobierno.
El funcionamiento de muchas cosas es responsabilidad exclusiva y directa de cada uno de nosotros. Me refiero, en este caso, al uso de las comunicaciones a bordo. Las vacaciones constituyen el mejor momento para darse cuenta del mal uso que se hace de los aparatos de radiotelefonía disponibles en la mayoría de embarcaciones de recreo, bien sea en instalaciones fijas o mediante aparatos de VHF portátiles.
La disciplina y el procedimiento que se explicaron en los distintos cursos de capacitación para la obtención de los títulos náutico deportivos pasan al olvido sistemáticamente en cuanto se supera el examen y se obtiene el título correspondiente. El mejor ejemplo de ello es el uso y disfrute del canal 9.
La mayoría de clubes náuticos y puertos deportivos se encuentran a la escucha en el canal 9. Este es el canal utilizado por las embarcaciones transeúntes a la hora de pedir amarre y por los habituales para solicitar la presencia del marinero para ayudar en las maniobras de atraque.
En consecuencia este es también el canal que se acaba sintonizado por defecto en todas las embarcaciones. La cantidad de embarcaciones que están sintonizando este canal no es precisamente pequeña, pues desde la entrada en vigor del “Reglamento por el que se regulan las radiocomunicaciones marítimas a bordo de los buques civiles españoles”, recogido en el Real Decreto 1185/2006, es obligatoria la presencia de un aparato de VHF en todas las embarcaciones que navegan en zonas 1,2, 3, 4 y 5, que son la mayoría, pues la zona 5 es a partir de dos millas de un abrigo o playa accesible. El Real Decreto en cuestión está vigente desde el pasado 1 de enero, pero las normas de buen uno de los aparatos de radio llevan en usanza desde el principio de los tiempos radioeléctricos. Hay que hacer aquí una primera observación. La norma indica que es obligatorio permanecer a la escucha permanente en el canal 16, que es el reservado para las llamadas de socorro, por si fuese necesario acudir en ayuda de otra embarcación. Pues bien, a menos que se disponga de una emisora “dual”, que salta automáticamente al canal 16 en caso de recibir una llamada por ese canal, la mayoría de los usuarios incumplen la norma al estar a la escucha en el canal 9.
La segunda observación es que una inmensa parte de los usuarios no sólo permanecen a la escucha en el canal 9, sino que utilizan sistemáticamente el canal 9 para todas sus comunicaciones.
Esto incluye no sólo la llamada al puerto, sino a cualquier otra embarcación conocida o desconocida para preguntar la rolada buena, si pican o no pican, comentar lo buena que estaba la paella del otro día, o la contundencia de las formas de la monitora nueva. Eso si no tienen una emisora en casa y hablan con la familia: ¡María, echa el arroz! Es auténticamente lamentable escuchar las conversaciones que se producen en estas circunstancias.
Esto suponiendo que se pueda mantener una conversación en condiciones mínimamente razonables, pues como que todos están hablando a la vez por el mismo canal hay que repetir las cosas setenta veces y asegurarse que la cita que hemos acordado a las nueve con Paco, es con Paco Fernández y no con Paco González, pues Paco González ha quedado para comer con Pepe, pero no con Pepe García, sino con Pepe Gutiérrez... ¡Vale ya, hombre! Más aún, puesto que todos los clubes náuticos emiten por el canal 9 y todos ellos tienen potentes emisoras y antenas situadas a gran altura, es perfectamente posible escuchar las comunicaciones de los clubes a decenas de millas de distancia.
¿Eso de que tengo que ir a tal o cual amarre me lo ha dicho el club al que he llamado yo, o estoy escuchando la respuesta de otro puerto enviada a otra embarcación? Porque, esta es otra, nadie se identifica una vez comenzada la comunicación.
La única identificación que se produce es la primera, en el momento que se pretende establecer la comunicación y, a partir de aquí, todos suponemos que somos amigos de toda la vida y que ya nos conocen solo por la voz. Pues no. Claro que la mayoría de usuarios se libran muy mucho de dar el nombre del barco desde el que están llamando, no tanto porque no está permitido utilizar el radioteléfono para este tipo de conversaciones y, si dieran su nombre, se les podría identificar y sancionar, sino porque son plenamente conscientes de que las conversaciones son ridículas y prefieren que los oyentes ajenos no les identifiquen, por simple vergüenza.
Esto es una prueba de que somos conscientes del problema y de la total falta de disciplina en el uso de estos aparatos. En puridad no hay ningún problema por utilizar el canal 9, pero el procedimiento correcto es identificarse claramente al iniciar una llamada y, una vez establecida la comunicación con la costera, el puerto deportivo o la embarcación solicitada, elegir otro canal, dejando despejado el 9 para que otros usuarios puedan hacer lo mismo.
De este modo el resto de los usuarios de los equipos radiotelefónicos nos libraremos de oír conversaciones que no nos interesan. Pero, por favor, cuando elijan otro canal, no seleccionen el 16, que está reservado para situaciones de emergencia ni utilicen tampoco los canales 72 y 73, pues suelen ser los utilizados por los comités de regata el primero y por la Cruz Roja el segundo. Y si tienen cobertura utilicen el móvil, que así seguro que la conversación es privada. A ver si entre todos despejamos un poco las ondas electromagnéticas. ¡Que no todo tiene que ser culpa del alcalde!
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