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1. Introducción
Las bolsas para estibar los chicotes de los cabos de bañera y del piano son una buena solución, en navegaciones familiares, en las que no vamos a realizar continuas maniobras de cambios de vela. Tener el suelo y los asientos de bañera sin cabos hace la vida más agradable y cómoda.
Estas bolsas, ubicadas en el sitio correcto y manteniendo en buen estado su habitual elástico en la apertura, tienen el peligro de convertirse en un pequeño “cajón de sastre” donde va a aparar una ingente cantidad de pequeños objetos. Está muy bien que ahí pongamos unas gafas de sol antes de zambullirnos en el mar, o una gorra, pero cuidado en convertirlos como el “sitio habitual” de objetos, pues llegará el momento que necesitemos maniobrar con celeridad y los cabos allí guardados tendrán obstáculos. Ni que decir tiene que cremas solares o botes de refresco abiertos son candidatos a pringar los cabos. En regatas o si navegamos con poca gente a bordo, y por tanto con menos problemas de circulación por el barco, momentáneamente podemos tirar al interior los cabos sobrantes del piano, aunque es más recomendable hacerlo sólo justo antes de arriar una vela, ayudándonos a tener el cabo desenredado y libre de obstáculos. Lo de meter los cabos, especialmente las escotas, en los camarotes de popa por los portillos de bañera… mejor no lo hagamos, so pena de terminar con la cama mojada o montar un lío si se engancha el cabo abajo.
1. Introducción
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