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BWR: EL PAPREC VIRBAC CONTROLA UNA FLOTA DIEZMADA

Yate nº 497

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La dureza de las regatas de la vuelta al mundo no es un mito. La Barcelona World Race nos recuerda que circunnavegar el planeta sigue siendo una hazaña, y más si se pretende hacerlo sin escalas y por los mares australes. La BWR está demostrando desde su primera edición cuánta verdad hay en el dicho de que para acabar primero, primero hay que acabar, algo que ya de por sí constituye todo un éxito. Las roturas, especialmente las de palo, han diezmado a la flota. En el momento de cerrar esta edición, cinco barcos seguían camino a Barcelona, pero de ellos, sólo dos han superado los dos meses de navegación sin tocar tierra.

Que se rompan tres palos (el 33% de toda la flota) cuando se lleva menos de la mitad de una vuelta al mundo no es normal y no tenía precedentes en la clase de Open 60. Inmediatamente todo el mundo sospechó que era una consecuencia de la navegación a dos. En su primer mes de regata, la experiencia ya había demostrado que estos barcos se llevan mucho más al límite que cuando se navega en solitario, donde es preciso ampliar los márgenes de seguridad. Casi todos los participantes han coincidido en señalar que se pasan muchas horas a la caña, a fin de mantener más vela izada. ¿Acaso los aparejos están pagando una fatiga no prevista por los diseñadores? El hecho de que las tres roturas de palo se hayan producido cuando los barcos navegaban con el piloto automático y, por tanto, sin forzar la máquina, no descarta que los fallos sean consecuencia de un ritmo más alto del habitual. La rotura no tiene por qué ser producto de las condiciones del momento (en ninguno de los tres casos hacía mucho viento, de 20 a 25 nudos, algo casi moderado para los rugientes 40), sino de la fatiga previa.

DEFECTO DE FABRICACIÓN
Si analizamos los tres palos rotos, lo primero que llama la atención es que se trata en todos los casos de mástiles ala, y dos de ellos estaban aparejados con largas crucetas a nivel de cubierta en lugar de crucetas convencionales. Días después de la rotura, la tripulación del PRB aseguró que su palo se había venido abajo como consecuencia de un defecto de fabricación: una de las capas de carbono preimpregnado mostraba todavía un pedazo del plástico de protección que debe retirarse cuando se laminan las distintas capas que forman el mástil, como podía apreciarse claramente en el vídeo que remitieron desde el mismo barco. Parece claro, pues, que en este caso no puede hablarse de forzar el ritmo, ni de demasiada vela, ni siquiera de defecto de diseño. Sin embargo, un análisis de las otras dos roturas (Delta Dore y Veolia Environement) levanta más sospechas: los dos mástiles proceden del mismo diseño (aunque uno esté montado con crucetas tradicionales y el otro, el Veolia, con crucetas en cubierta como el PRB y, para colmo de coincidencias, fabricados en el mismo molde. Para mayor abundamiento, más o menos al mismo tiempo se rompió un tercer palo gemelo. Durante la regata Jacques Vabre, también a dos: el Artemis vio cómo el mástil se le caía hacia proa mientras navegaba a un centenar de millas de Finisterre, con unos 35 nudos de viento portante. Parece evidente, por tanto, que en los palos salidos en este molde hay un problema de diseño o de sistema de fabricación.

EL DOMINIO DE PAPREC VIRBAC
Tras los cuatro abandonos –Estrella Damm, PRB, Delta Dore y Veolia- el resto de la flota levantó un poco el pie del acelerador, quizá con la única excepción del Mutua Madrileña, del mallorquín Javier Sansó y el cántabro Pachi Rivero. Los dos primeros, Paprec Virbac y Hugo Boss, vieron que tenían el podio garantizado, aunque no estaba nada claro quién se llevaría el gato al agua. El diseño de Finot parece el más rápido con viento duro, por lo que parecía lógico que lograra rebasar a la pareja franco-irlandesa en los mares australes. Pero al final no fue así, pues el Paprec Virbac dobló el cabo de Hornos cuando aún no se habían cubierto los 60 días de navegación, con algo más de 1.000 millas de ventaja sobre su inmediato perseguidor, después de navegar entre icebergs al menos en dos ocasiones. Su dominio en esta BWR parece absoluto, pues la pareja franco-irlandesa ha salido victoriosa en las dos ocasiones en que algún rival le ha presentado batalla (PRB al principio y Hugo Boss en algunos momentos en el Índico). Su regularidad y la constancia en el esfuerzo les han colocado en una posición privilegiada.
Es posible que las averías hayan pasado factura a Alex Thomson y Andrew Cape, que se vieron obligados a entrar en Wellington para reparar sus timones, el otro talón de Aquiles de estos barcos en esta Barcelona World Race: no sólo se levantaban a destiempo –con el consiguiente peligro de una trasluchada salvaje, que puede acarrear gravísimas averías–, sino que además las palas habían forzado los ejes de los timones; es decir, algo similar a lo ocurrido a bordo del Estrella Damm. “Las palas de los timones se habían estado moviendo dentro de sus casetes hasta causar que se agrietaran las mismas cajetillas. El exceso de movimiento del sistema también desgastó considerablemente los cojinetes de popa”, explicó Thomson tras su parada en Wellington. La ventaja para el Hugo Boss es que ninguno de los ejes llegó a romperse, por lo que la reparación fue no sólo rápida, sino mucho más eficaz que en el caso del Estrella Damm. A simple vista, además, el sistema de timonería del Hugo Boss parece mucho más fuerte que el del barco de Guillermo Altadill. Seguramente esta avería fue la causa de que Thomson aflojara el ritmo primero (algo que Jean-Pierre Dick y Damian Foxall aprovecharon para recuperar millas de una ventaja que se había ido evaporando en la primera mitad del Índico) y tuviera que pararse después.

REPARACIÓN ACROBÁTICA
El mismo líder, el Paprec Virbac, también ha tenido problemas con uno de sus timones, pero en este caso se trata de algo más habitual en un barco, pues al parecer fue causado por el choque con un objeto flotante no identificado. La reparación la realizó Foxall cuando las condiciones meteorológicas lo permitieron: atado a la popa del barco casi como si estuviera colgado del trapecio de un barco de vela ligera, laminó la pala del timón levantada fuera del agua. Este pequeño incidente a bordo del Paprec Virbac no afectó en absoluto a su dominio de la regata. A estas alturas Thomson y Cape parecen ser conscientes de que sólo pueden aspirar a la victoria de esta primera vuelta al mundo a dos si el líder sufre alguna avería importante que lo obligue a tocar tierra o le limite drásticamente la velocidad, o que se quede atrapado en un sistema de altas presiones. Y como el tercer clasificado navega casi 2.000 millas detrás, no hay motivo alguno para que la pareja anglo-australiana siga forzando la máquina. Al parecer, está aprovechando la segunda mitad de esta vuelta al mundo para mejorar el rendimiento del barco de Thomson para la Vendée Globe de este año.

EL REGATÓN DEL MUTUA MADRILEÑA
La emoción se ha trasladado por tanto a la lucha por la tercera plaza del podio. Pese a que sobre el papel el Temenos 2 tenía toda la ventaja, la corrosión descubierta en la parte superior de la quilla obligó a Dominique Wavre y Michèle Paret a navegar con el freno de mano puesto durante buena parte de la travesía del Índico. El Mutua Madrileña aprovechó la ocasión para lanzarse sobre ellos con un encono admirable. Cuando parecía que Sansó y Rivero adelantarían al barco suizo mientras éste estaba siendo revisado en Wellington, la pareja española sorprendió a todo el mundo entrando también en el puerto neozelandés para efectuar una serie de reparaciones: desde la rótula de una cruceta al sistema giratorio del palo, pasando por una fuga del sistema hidráulico de la quilla, dos de sus cinco pilotos automáticos, las fundas de los sables y diversos detalles más. Para los navegantes del Mutua Madrileña era preferible perder 48 horas (el tiempo mínimo exigido para una parada a partir de Nueva Zelanda, según las instrucciones de regata) y disponer de un barco al ciento por ciento de sus posibilidades para la segunda parte de la vuelta al mundo que subirse momentáneamente al podio.
En el momento de cerrar esta crónica, el Mutua Madrileña había recortado su desventaja respecto del Temenos 2 a poco más de 100 millas, gracias a unas condiciones meteorológicas más favorables al dejar Nueva Zelanda. Sansó y Rivero saben que pueden dar la campanada de esta BWR y de momento mantienen la moral por las nubes, con el mismo espíritu de lucha y muestras de optimismo que han exhibido desde la salida de Barcelona. Pero no es cuestión únicamente de luchar y ser optimistas. El Mutua Madrileña se subió por segunda vez al podio en una etapa, al conseguir el tercer mejor tiempo en la travesía del Índico, algo digno de mención por tratarse de un barco relativamente viejo. Sansó y Rivero están haciendo un regatón impresionante y se están ganando a pulso el reconocimiento no sólo del mundo de la vela español, sino también internacional. En este sentido, Sansó reconoció su sorpresa por la rapidez con la que se han adaptado al barco y lo mucho que han aprendido en los dos meses de navegación desde la salida de Barcelona: “Al principio dudas de si izar o no el espi, pero al final acabas navegando sin problemas con 26 o 28 nudos con la mayor entera y el espi. Es todo muy relativo. Coges más confianza en ti mismo y en el barco y puedes ver realmente lo que has progresado”.

LA DUREZA DE LOS MARES AUSTRALES
Estas casi tres semanas en el Índico han sido tan duras como era de esperar. “A bordo todo está empapado, hace mucho frío y tenemos olas de entre cinco y ocho metros con vientos de casi 30 nudos, lo que nos hace ir alrededor de 20 nudos. ¡Surfeando es una pasada! Pero íbamos muy rápido, así que ahora navegamos con dos rizos en la mayor y con trinqueta. Sólo queremos salir ya de estas condiciones, porque llevamos demasiado tiempo congelados y mojados”, explicó el mismo Sansó poco antes de Navidad. El mismo día, Albert Bargués describía el escenario alrededor del Educación sin Fronteras: “Las olas son tan grandes y el mar tan blanco que parece una montaña. Es increíble la sensación de navegar a 27 nudos sobre un mar como éste. Es muy emocionante. Aunque a veces pasas sustos como ayer cuando, al trasluchar con una racha de 35 nudos sumada a una ola grande que nos cogió de lado y nos hizo meter la botavara en el agua, lo que ha creado un pequeño agujero, no muy grave, en la vela”. Bargués y Servane Escoffier decidieron no parar en Wellington. Aunque al Educación sin Fronteras también le hubiera convenido un repaso y, sobre todo, un nuevo espi más grande, como reconoció la copatrona francesa, optaron por mantener el espíritu de una vuelta al mundo sin escalas. Bargués y Escoffier siempre han sido conscientes de las posibilidades de su barco y de que nunca estarían en las posiciones de cabeza. Su regata es otra: “Nuestra verdadera victoria es acabar la regata”, aseguró el patrón catalán. Si consigue llegar a su Barcelona natal sin tocar tierra, habrá logrado una gesta que en esta regata, como mucho, sólo habrá conseguido el Paprec Virbac, que seguramente pasará a la historia como el justo vencedor de esta primera Barcelona World Race.

EL ABANDONO DEL ESTRELLA DAMM
“La Barcelona World Race me queda como una asignatura pendiente”. Al verse forzado al abandono después de que las reparaciones realizadas a sus timones no ofrecieran las garantías necesarias, Guillermo Altadill es consciente de que esta primera vuelta al mundo a dos sin escalas –el primer gran proyecto que lograba encabezar como patrón y con un patrocinador que lo apoyaba sin reservas– habrá dejado un mal sabor de boca en quienes confiaban ciegamente en él. Puede decirse, en honor a la verdad, que la vela es un deporte mecánico en el que, como no se han cansado de repetir diversos participantes de esta BWR, el fallo del material juega un papel importante; también es cierto que el Estrella Damm fue el último de los barcos construidos y seguramente no hubo tiempo de probar todos los sistemas a fondo. Pero no por ello la frustración es menor, sobre todo cuando, quizá desesperado por fallos mecánicos que le impedían concentrarse en la navegación, Altadill y su compañero Jonathan McKee cometieron diversos errores que les apartaron de la cabeza de la regata, donde sí estuvieron hasta la salida del Mediterráneo. La decisión de retirarse de la Barcelona World Race no fue fácil y el propio Altadill reconocía unos días después que todavía no sabía si era la correcta. Pero fue el equipo quien decidió que, ante la falta de garantías de la reparación –los timones seguían teniendo un poco de juego, por lo que había dudas muy razonables de su capacidad para aguantar las condiciones del Índico y el Pacífico, y una reparación a fondo se alargaría como mínimo una semana–, no se podían correr riesgos que pusieran en peligro la vida de los dos navegantes.
Lo que sigue siendo una incógnita es por qué se optó por una reparación que una vez realizada no permitía seguir la regata. ¿Qué sentido tenía efectuarla si el resultado no era suficiente para lanzarse de nuevo al océano? ¿No era preferible abordar desde el principio otro tipo de reparación, ya fuera más sencilla (anulando la posibilidad de que los timones pudieran levantarse en caso de choque, con el riesgo que ello suponía, por ejemplo) o afrontar desde la llegada del barco a muelle una operación más ambiciosa, quizá más larga, pero que permitiera afrontar con garantías los océanos australes? De momento, son preguntas aún sin respuesta, al menos pública. De cara al futuro, Altadill adelantó su intención de preparar con tiempo suficiente un proyecto para la próxima BWR para sacarse la espina de esta retirada y, posteriormente, seguramente en 2012, correr la Vendée Globe como colofón a una carrera de regatista oceánico extraordinaria. Simultáneamente, Estrella Damm está estudiando la posibilidad de volver a patrocinar un equipo en la próxima BWR, seguramente también de la mano de la Fundació per a la Navegació Oceànica de Barcelona. Tras la experiencia de este año, de la que están muy satisfechos, se plantean la conveniencia de empezar la planificación con tiempo suficiente para que barco y tripulación hayan sido probados a fondo antes de la salida, fijada ya para el 31 de diciembre del 2010.

Agradecimientos a Chris Cameron/DPPI/BWR

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