Más volumen, doble bitácora, comportamiento de barco valiente y suficiente velocidad para afrontar travesías largas con éxito amenizan este Bavaria de la categoría reina, los 12 metros.
Cuarto ejemplar probado de la nueva serie Cruiser de Bavaria después de los 31, 34 y 38, pensábamos que no nos iba a aportar muchas sensaciones distintas este modelo y nos equivocábamos. Porque aunque sea Bavaria por los cuatro costados, y por tanto fiel a las novedades de este año como el portón de popa y el tambucho hiperpracticable, el 40 nos permitió dar fe de un hecho a veces pasado por alto: los Bavaria navegan bien. Hubo viento y mar en la prueba de Palma, y tuvimos tiempo para enfrentarnos a ellos empujando el casco y el aparejo cerca de sus límites. Muchos cruceros de dimensiones parecidas hubiesen sufrido en aquellas condiciones, donde el Bavaria 40 se nos mostró contento y dominable. Si en algunos artículos anteriores hemos criticado –creemos que con razón- la debilidad o el escaso refinamiento de construcción que aquejan a la marca alemana, nunca hemos sido suficientemente elogiosos con su forma de moverse en el agua, excelente, valerosa y amable con el usuario. El ejemplar que nos pusieron en las manos estaba, como es habitual en Yates Alemanes, bien puesto a punto y equipado con velas de alto rendimiento que nos atrevimos a izar enteras pese a las previsiones de la méteo para la bahía de Palma. Aquella incluía rachas de más de fuerza 6 y marejada, y si bien en las primeras bordadas, que aprovechamos para tomar fotos desde una motora auxiliar, no registramos más de 16 nudos, el pronóstico no tardaría en cumplirse.

De 16 a 25 nudos de viento
Con aquellos 16 nudos reales el barco se hallaba a sus anchas desplegando todo el trapo, y se le dominaba bien en las olas cortas y abruptas. Se podía ceñir, dentro del orden que un casco de Bavaria implica, pero también al abrir escotas se lograba sentir bajo los pies un corcel potente, controlable y de movimientos relajados. Ceñimos contra la mar, en dirección a Cala Figuera, a medida que aumentaba el viento y la mar. Cuando el anemómetro superaba frecuentemente los 22 nudos reales, y las olas empezaban a crear paredes, el barco estaba francamente pasado pero era todavía dominable. El tacto de la rueda permitía jugar con el génova medio lleno; manteniendo la mayor casi vacía se conseguía conservar velocidad, apuntar al lugar más adecuado de la ola y pasar sin chocar o encapillar: nada más se podía pedir al timón. En aquellas condiciones, muchos veleros de la categoría “crucero familiar” que incluye al Bavaria habrían salido de orzada o estarían tumbados, sin arrancada, a la espera de que alguien soltase en bandas todas sus escotas. Sólo tomar un rizo en la mayor mejoró de forma notable la respuesta del yate, que continuó obedeciendo al timón pero aumentó su velocidad, su fidelidad y su evolución.
Estábamos entonces en 25 nudos casi constantes. En esas mismas condiciones, y con el viento refrescando todavía más, iniciamos el regreso hacia Porto Pi con el viento por la aleta. El Bavaria volaba, y seguía siendo gobernable. Las olas sin embargo se volvieron más viciosas, y hacia el final, con el viento más de través y un camino incómodo, tuvimos que luchar con el timón mientras la corredera jugaba con los nueve nudos. Creemos que cualquier velero, más rápido o más pesado, más equilibrado o más planeador, habría hecho sufrir a su timonel en una senda de aquella dureza. El veredicto, pues, viendo al llegar a puerto que no habíamos roto nada ni embarcado más que rociones, quedaba claro: aquel barco navegaba bien, era equilibrado y luchador... Se podía usar para enfrentarse con tiempo duro.
Doble bitácora
Tras la serie de modelos menores, la principal novedad en la cubierta de este 40 de tamaño familiar es la doble bitácora. Los puestos de timón son amplios, tienen banco lateral y buena visión. Permiten acceder a la escota de mayor, reenviada al winche de popa. Su mando de motor, sin embargo, es un poco bajo y precisa costumbre. También hay que mencionar la mayor longitud de los bancos de bañera, que influye en el tamaño de los cofres, y la generosa manga que en realidad hace de este 40 un barco de dimensión distinta al 38, hermano inmediatamente menor: la diferencia es bastante aunque no lo parezca. La descripción de la cubierta no debería pasar por alto el confort que se consigue en la bañera: buen paso, buenas dimensiones y formas en los bancos, rompeaguas para capota y, en el tejadillo, pasamanos además de buenas protecciones para los manguerotes de ventilación provistos de desagüe. También hay que mencionar la anchura de los corredores y la buena situación de las bitas, elogio que sin embargo no se extiende a las bitas de popa encajonadas entre el banco del timonel y el balcón. Otros elementos, como el tambucho y la forma del tejadillo, son parecidos a los vistos en modelos menores. La generosa provisión de escotillas, sumadas a los portillos de gran tamaño, asegurará buena ventilación interior sin inutilizar la parte delantera de la caseta como baño de sol. En el aparejo hay que destacar que la unidad probada usaba mástil con mayor enrollable. La botavara flexaba debido a la situación adelantada de la escota, pero no parecía sufrir. El sistema de barra de escota era impráctico, pero el control ofrecido por el reenvío de la escota a popa se agradecía. Tanto el fondeo y otros elementos como los reenvíos de maniobra o los candeleros están a la altura de un velero que será utilizado, en muchos casos, de forma intensa en su faceta de chárter sin patrón. Las tapas de cofre en inyección son muy pesadas y presentan aristas vivas. La teca ofrecida en opción es decepcionante si se tiene en cuenta el precio demandado como extra.
Cocina corrida
La habitabilidad lograda en esta eslora por el diseño de J J es sorprendente si no se tienen en cuenta los otros Bavaria, pero se encuentra en escala con la vista en el último Bavaria 38, del que este modelo es la continuación lógica. En cada modelo mayor Bavaria añade ya sea un camarote suplementario, ya un baño más: aquí toca saltar a dos baños completos, especialmente el de pasajeros que tiene ducha separada. También el salón, con su cocina corrida y su rincón dinete desplazado y dotado de banqueta, adquiere una gran amplitud y permite al usuario encontrarse en un mundo distinto, donde el volumen y la perspectiva son reyes. Es en el tamaño del Bavaria 40 Cruiser donde hay más competencia y donde, también, los usuarios están en su segundo o tercer yate y tienen por tanto más idea de lo que quieren, en cuanto a calidad y lujo. En este terreno el 40 ofrece más o menos lo mismo que sus hermanos menores: taquillas fabricadas en serie, muebles alzados sobre el suelo con ranuras donde se acumulará suciedad o encajes de puertas decepcionantes. Anotemos la presencia de detalles como una taquilla suplementaria junto al mástil, muy práctica, y la bien resuelta banqueta. También demos fe de lo mucho que hay en muebles por un precio muy económico, lo cual sin duda tiene ventajas y adeptos también. Destaquemos algunos detalles positivos o bien resueltos: la citada banqueta central y el espacio de estiba que ofrece, el guardamar de la cocina y su nevera, bien estructurada; los armarios en los baños; la iluminación algo más generosa que en modelos menores, el espacio y buena ergonomía en los camarotes y las tapicerías del salón. También nos gustó la escala de bajada, bien defendida, y la amplitud del vestíbulo que no perjudica a la mesa de navegación. Los accesos a los fondos y la calidad de los revestimientos, especialmente en el camarote de proa, serían en cambio ejemplos de lo que podría mejorar en esta unidad.