ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Kiku Cusí
1. Introducción2. La humanidad de los navegantes3. Más información
Barcelona ha abierto un nuevo capítulo de las regatas oceánicas, y lo ha hecho en olor de multitudes. La salida de la Barcelona World Race (BWR) ha supuesto el nacimiento de las vueltas al mundo a dos, sin escalas ni asistencia, un concepto intermedio entre la Vendée Globe, la Volvo Ocean Race y el trofeo Jules Verne.
Por lo que se vio y oyó en la capital catalana, la iniciativa ha calado en la flota de los Open 60 y parece destinada a gozar de buena salud durante muchos años. Cuando aún no había empezado la primera edición, ya se conocía la fecha de la salida de la segunda: 31 de diciembre del 2010. A partir de entonces, se correrá cada cuatro años a mitad de ciclo de la vuelta al mundo en solitario, y con tiempo suficiente para que también participen regatistas que no quieren dejar de lado la Volvo, cuya próxima edición concluye en la primavera del 2009. La incógnita principal es saber cómo aguantarán los barcos y los navegantes este nuevo concepto de vuelta al mundo. El gran favorito, Vincent Riou (PRB, vencedor de la última Vendée Globe, con Sébastien Josse de copatrón) lo reconoció antes de zarpar: “Una de las mayores dificultades de esta regata será saber funcionar como equipo durante tres meses. Esto representa una de las claves del éxito”.
El primer paso para conseguir este éxito es una buena elección de los dos tripulantes. Si bien en el caso del PRB se trata de dos extraordinarios navegantes muy completos cada uno de ellos (Josse fue cuarto en la Vendée, y después patroneó el ABN Amro II en la Volvo), en otros casos se han buscado dos perfiles que se complementen. Es el caso, por ejemplo, del Estrella Damm (Guillermo Altadill pone la experiencia oceánica y Jonathan McKee, la finura de la vela olímpica y de America’s Cup), Delta Dore (a Jérémie Beyou, gran solitario que afronta su primera vuelta al mundo lo acompaña Sydney Gavignet, con tres vueltas al mundo a sus espaldas) y Hugo Boss (Andrew Cape se debería encargar no sólo de llevar la navegación, sino también de serenar al “rompebarcos” Alex Thompson). La selección de la tripulación a bordo del Temenos II y del Véolia Environnement parece responder, en cambio, más a una relación personal (Dominique Wavre y Michèle Paret son pareja en la vida real, y Roland Jourdain y Jean-Luc Néolias son amigos y navegan juntos desde hace 30 años), igual que en el caso del Mutua Madrileña, donde Javier Sansó y Pachi Rivero han hecho ya muchas millas juntos. La tripulación del Educación Sin Fronteras, Albert Bargués-Servane Escoffier es, en cambio, fruto de las circunstancias de última hora.
Será interesante conocer, al final, cómo se han cumplido los planes trazados a priori sobre la organización a bordo. Mientras en el PRB Riou y Josse se ven absolutamente intercambiables, como si se tratara de dos navegantes solitarios yuxtapuestos, en el Paprec-Virbac 2 todas las maniobras difíciles las realizarán juntos Jean-Pierre Dick y Damian Foxall “para no perder tiempo y no tomar riesgos inútiles”; además, los dos co-patrones coincidirán en la mesa de cartas al menos dos veces al día para estudiar la evolución meteorológica y decidir la ruta a seguir.
TRES MESES DE CONVIVENCIA
La incógnita, sin embargo, persiste. ¿Cómo se adaptarán los regatistas acostumbrados a navegar con tripulación completa a esta modalidad de casi-solitario? ¿Y cómo convivirán los solitarios durante casi tres meses (o más) con otra persona a bordo? Este punto de la convivencia fue una constante en las conversaciones de pantalán previas a la salida. Algunos, como Guillermo Altadill, le restaban importancia: “Somos profesionales y esto es un trabajo como cualquier otro. Además, Jonathan y yo nos respetamos muchísimo”. Para Altadill, más que distinguir entre vueltas al mundo en solitario, a dos o con tripulación completa, la gran diferencia es que se trata de una circunnavegación sin escalas: “Yo he hecho cuatro vueltas al mundo con escala y dos sin. Y éstas no me han ido nada mal, porque gané las dos” (The Race y el récord con el Cheyenne, si obviamos que tuvo que retirarse en la intentona de récord con Ellen MacArthur).
Más preocupado estaba el navegante barcelonés con la duración de la prueba: “Nunca he estado tanto tiempo seguido en el mar”. Jourdain ve las cosas de una manera distinta: “¡Vivir con alguien en un barco durante tres meses no es fácil! Para una travesía oceánica de dos semanas, si no te llevas bien, te muerdes la lengua y te comes tu amor propio; ¡pero durante tres meses no es lo mismo!” También Dick andaba preocupado por las relaciones personales a bordo: “Cuando crucemos la línea de llegada, espero conservar mi amistad con Damian (Foxall)”. Menos problemas de convivencia deberían plantearse a bordo del Temenos II, pues Wavre y Paret son, con diferencia, la tripulación de esta Barcelona World Race que más millas y meses ha navegado junta. De todas formas, Paret dejó claro antes de zarpar que ellos también se enfrentaban a lo desconocido, porque como mucho habían navegado tres semanas seguidas los dos solos, y añadió que durante la regata “la pareja quedará entre paréntesis para convertirse en un equipo como los otros”.
LA RESISTENCIA DE LOS BARCOS
El segundo gran tema de conversación en los pantalanes de Barcelona era el de la resistencia de los barcos. ¿Aguantarán tres meses de galope constante? Todo el mundo confiaba en que al menos su propio barco sí iba a aguantar, aunque no faltaba quien dejaba claro que no todos cruzarían la línea de llegada. Altadill era, en este sentido, tajante: “No van a acabar más de cinco. O sea que si acabas, tienes muchas posibilidades de hacer podio”. Después de tantas vueltas al mundo como se llevan desde que en los años setenta del siglo pasado nació la Whitbread, se sabe que los barcos aguantan. Los Open 60 son ahora barcos duros y seguros, como han probado ya a lo largo de muchas vueltas al mundo y travesías oceánicas. También las tripulaciones aguantan. La Vendée Globe ha dejado de verse como una aventura para convertirse en la más dura de las regatas oceánicas. Y lo mismo puede decirse de la Volvo. Sin embargo, el planteamiento de la Barcelona World Race obliga a revisar algunos conceptos de resistencia: en las regatas oceánicas en solitario los navegantes disminuyen el ritmo para poder aguantar: es sencillamente imposible estar más de 2.000 horas seguidas a tope (87 días seguidos, el récord de la Vendée, por 24 horas al día). Los barcos, por tanto, sufren menos, aunque sólo sea porque los espis no pasan tantas horas izados como sucederá ahora, cuando siempre habrá alguien despierto y preparado para salir disparado a cubierta si hay que realizar urgentemente una maniobra. En este sentido los equipos de tierra han insistido mucho en la resistencia de los materiales. Seguramente algunas de sus decisiones se revisarán en la próxima edición, a la vista de la experiencia de esta primera vuelta al mundo a dos. Sólo como ejemplo, Altadill y McKee pidieron a su equipo de tierra que les preparara unas orzas asimétricas un 30 por ciento más resistentes que las originales. Dos días antes de la salida estas orzas fueron instaladas a bordo, en sustitución de las anteriores.
ESCALAS CON PENALIZACIÓN
A diferencia de la Vendée Globe, las instrucciones de regata permiten realizar escalas. Se trata, en la medida de lo posible, de evitar las retiradas fruto de las averías, decisión que favorece tanto el interés de la prueba como a los patrocinadores, que corren así menos riesgos. En este sentido, todos los participantes pueden entrar en puerto antes de Nueva Zelanda sin sufrir ninguna penalización. En cambio, a partir de Nueva Zelanda cualquier entrada en puerto conlleva 48 horas de penalización. Esta reglamentación está orientada a no castigar las averías (cualquier entrada en puerto antes del Estrecho de Cook comporta ya de por sí una considerable pérdida de tiempo), pero también a evitar al mismo tiempo que los equipos prevean de antemano una parada para reponer material (por ejemplo, cambio de velas y reavituallamiento para la segunda mitad de la vuelta al mundo), a fin de mejorar el rendimiento o reducir el peso (en alimentación y combustible) artificialmente en la salida.
Más allá de las cuestiones técnicas, en los pontones de Barcelona pudo apreciarse la gran humanidad de muchos de estos navegantes. La estampa de estos patrones con sus familias, básicamente la de unos padres y unos hijos que se perderán de vista durante varias semanas, quedará en las retinas de quienes pudieron verlos juntos. No había ningún drama. Es un tipo de vida libremente elegida por los navegantes y asumida por quienes comparten la vida con ellos. Pero no por ello la separación es menos dura. “Por suerte ahora hay grandes posibilidades de comunicarse y no pierdes totalmente el contacto”, aseguraba el padrazo Sidney Gavignet (Delta Dore), abrazado casi siempre a alguna de sus hijas, con las que incluso compartió rueda de prensa. Y un reconocimiento no muy habitual: “Nosotros decidimos que esta es nuestra vida, pero ellos, los que se quedan en tierra, son los que se llevan la parte más dura”. En esta reflexión coincidía Jourdain: “Una vez estamos en el agua, nosotros hacemos todo lo que podemos para regresar lo antes posible, pero a nuestras mujeres e hijos la espera puede hacérseles eterna”. Prueba de ello era la imagen de los dos hijos de Pachi Rivero, que estuvieron con el navegante cántabro hasta pocos minutos antes del tiro de atención. Altadill, aparentemente tan duro, también reconoció la dificultad de la separación: “Lo que es más difícil de llevar es saber que mi hijo de 12 meses ya andará cuando yo regrese”.
UN NUDO EN LA GARGANTA
Javier Sansó, Bubi, no escondía su ansia por soltar amarras, pues no le gustan las despedidas y, sobre todo, porque había esperado muchos años este gran momento, empezar una vuelta al mundo en un buen barco y con un potente patrocinador que lo respalde. Aunque el Mutua Madrileña es un barco relativamente viejo, no puede olvidarse que se trata del Ecover, que hace sólo tres años, en la Vendée del 2004-2005, era considerado por muchos como el mejor Open 60 de todo el mundo. De los cuatro españoles, quien salía con menos presión era Albert Bargués. El catalán podía cumplir finalmente su sueño de regresar a los océanos australes, aunque fuera 21 años después de que se lo prometiera a sí mismo. Lo hace con el barco menos competitivo de toda la flota, y con la navegante con menos experiencia de los 18 vueltamundistas: la francesa Servane Escoffier, de sólo 26 años, que poco antes de la salida reconocía abiertamente que tenía “un nudo en la garganta”. No era para menos. Horas más tarde la benjamín de toda la flota reconocía que la salida había rebosado emociones y añadió: “¡Qué duro que es dejar a los que una quiere!”.
LA SALIDA DEL MEDITERRÁNEO
El Mediterráneo mostró lo duro que es navegar por este mar cerrado tan impredecible. Más de tres días y medio empleó la flota para cubrir las 540 millas que separan Barcelona de Gibraltar. Vientos flojos y rolones agotaron a los navegantes, que se extenuaron con cambios de vela y el estudio de las previsiones meteorológicas (que cambiaban con cada fichero y muchas veces no respondían a la realidad). Y cuando llegaron al mar de Alborán se encontraron con un poniente que los obligó a ceñir y no les permitía equivocarse. Y si no que se lo pregunten al Delta Dore, que en su última noche mediterránea casi perdió el contacto con la flota tras quedarse en un par de agujeros sin viento. En estas condiciones es difícil sacar conclusiones sobre los barcos. Pero sí se comprobó que el Hugo Boss no destaca por su rapidez con vientos flojos, sino todo lo contrario; que el PRB se mantiene siempre en cabeza (o en segunda posición) pase lo que pase; que la experiencia mediterránea y el buen hacer de Bubi y Pachi rejuvenecen las prestaciones del Mutua Madrileña; y que los tres primeros en Gibraltar eran precisamente tres planos Farr: PaprecVirbac 2, PRB y Estrella Damm. La regata no ha hecho más que empezar, pero los navegantes a bordo de estos tres barcos son, todos ellos, capaces de estar en el podio final. Quizás el Mediterráneo ha dictado ya sentencia al abrir las primeras diferencias en la flota.
BARCELONA SE VUELCA CON LOS PARTICIPANTES
Las imágenes de la salida de la Barcelona World Race dan fe de la importancia que los barceloneses concedieron a esta regata. Hasta 650 embarcaciones de todos los tamaños se concentraron para despedir frente a la costa catalana a los 18 regatistas. Las imágenes de la salida –un tanto caótica, pues el cordón de seguridad no estuvo bien diseñado (¿o ejecutado?)— son dignas de cualquier país con una profunda tradición náutica. Y aunque probablemente en tierra no había el medio millón de espectadores del que habla la organización, sí es cierto que decenas de miles de personas acudieron en masa al frente marítimo de la ciudad para presenciar el espectáculo. Los participantes fueron unánimes. Jean-Pierre Dick, por ejemplo, comentó desde el Paprec-Virbac: “Ha sido magnífico, como en una Vendée”. En boca de un francés, esto es todo un elogio. También el británico Alex Thompson y el australiano Andrew Cape (acostumbrado a las popularísimas salidas de la Sydney-Hobart) quedaron impresionados por la despedida de Barcelona: “La salida fue muy bonita. Era impresionante ver tanta gente saludándonos desde el muelle cuando soltábamos amarras y me sorprendió ver la enorme flota de espectadores en el agua”. Evidentemente, los navegantes españoles fueron los que más apreciaron la despedida, quizá conscientes de que en nuestro país la vela no es precisamente un deporte de masas. Albert Bargués, uno de los padres de esta Barcelona World Race, confiaba en que su ciudad respondería como lo hace en las grandes ocasiones, pero a la hora de la verdad, a la hora de soltar amarras, la emoción lo embargó.
Y entonces todavía no había visto la flota que se estaba concentrando frente al Port Olímpic, que desbordó todas las previsiones de la organización, pues superó con creces a la reunida en la salida de The Race. Bubi Sansó fue seguramente el participante español que mejor lo expresó. Aprovechó su primer mensaje a tierra para expresar su agradecimiento: “Desde a bordo del Mutua Madrileña, tanto Pachi como yo queremos mostrar nuestro agradecimiento muy sinceramente a todos los miles de personas que salieron al mar ayer para despedirnos. No sólo resultó espectacular, sino que también histórico para la vela española. A toda esa afición: ¡Muchas gracias!”. También los espectadores quedaron satisfechos, tanto los que presenciaron la salida desde tierra, como los que la vivieron en el mar, y los que aplaudieron a los 18 regatistas mientras soltaban amarras. Fue una jornada de las que crean afición y dejan buen sabor de boca. El respeto y la admiración por estos hombres y mujeres que se lanzan a cruzar los océanos flotaba en un ambiente muy distinto del elitismo que se vive en otras competiciones náuticas.
LA CULMINACIÓN DE 30 AÑOS DE LA HISTORIA DE LA VELA OCEÁNICA ESPAÑOLA
Agradecimientos a Santi Serrat
La Barcelona World Race no es sólo la primera regata alrededor del mundo en doble, es también la primera vez que una ciudad da nombre a una regata: Barcelona. Este hecho es muy significativo para la vela oceánica mundial y muy en especial para la española, cuya historia ha avanzado de forma lenta y difícil pero siempre dando pasos seguros.
Hay que remontarse a 1976 para encontrar la primera participación española en una regata oceánica. Fue en la OSTAR, la actual The Transat, en la que Joan Guiu y Enric Vidal afrontaron uno de los mitos de la época: la travesía del Atlántico en solitario en contra de los vientos dominantes. En 1979, Enrique Vidal y su Ilusión corrieron la Parmelia Race, la primera regata oceánica en que participó un barco español con tripulación. En 1980, Joan Guiu -por segunda vez- Víctor Sagi y José Luis Ugarte participaron en la OSTAR. Al año siguiente llegó la primera vuelta la mundo con tripulación: el Licor 43 participó en la Whitbread, realizando una regata heroica que fue seguida por miles de aficionados españoles. La regata del barco de Joaquín Coello despertó muchas vocaciones oceánicas que se hicieron notar en los proyectos de los siguientes años. La presencia de los barcos españoles en la Whitbread se hizo habitual: en 1985, el Fortuna Lights; en 1989, el Fortuna Extra-Lights y en 1993, el Galicia Pescanova y el Fortuna. Se interrumpió la participación en la Volvo Ocean Race (la regata que vino a sustituir a la Whitbread) de 1997 y 2001, y se recuperó con el Movistar en 2005, cuando la regata se inició en el puerto gallego de Vigo.
Mientras la navegación con tripulación evolucionaba, los solitarios españoles fueron avanzando de forma lenta pero con pasos cada vez más firmes en el panorama de la vela oceánica mundial. No era tarea fácil, pues mientras en Francia y Gran Bretaña, la navegación en solitario y en doble había evolucionado espectacularmente desde la primera Golden Globe de 1968, en España tan sólo existía una regata en la que los navegantes se pudieran bregar en este tipo de navegación: la Mare Nostrum, fundada por Nino Beghetti en 1973, la regata que, dando la vuelta al archipiélago balear desde Barcelona, fue y es en la actualidad una auténtica escuela de navegantes solitarios y en doble. Después de las OSTAR de 1976 y 1980, hay que remontarse a la Mini-Transat de Albert Bargués de 1987 para encontrar una travesía del Atlántico de un español en regata y en solitario. Albert -participante en la Barcelona World Race con el Educación Sin Fronteras- se convirtió en el primer español en acabar la Mini-Transat. Antes, en 1981, Jordi Nadalmany lo había intentado, pero su barco se estrelló en las costas gallegas. En 1986, Enric Curt - Bernardo Oliva y José Luis Ferrer - Javier Kirchner participaron en la Twostar, siendo los primeros españoles en realizar una regata en doble a través del Atlántico. El 1991, José Luis Ugarte participaba en la BOC, la vuelta al mundo por etapas y en solitario, y se convertía en el primer español en intentar y acabar una gesta de este calibre. En 1993, Ugarte realizó la Vendée Globe, la vuelta al mundo en solitario sin etapas, y se convirtió con ello en el más destacado navegante solitario español de la historia. En 2000, Javier Sansó -también presente en la Barcelona World Race con el Mutua Madrileña- tomó la salida de la Vendée Globe pero una avería le impidió acabar la travesía en regata.
Desde entonces, las participaciones oceánicas españolas en solitario se limitaron a la Mini-Transat. En 1999, Albert Bargués volvió a participar en al regata cumbre de la clase Mini, logrando un noveno puesto, la mejor clasificación relativa obtenida nunca hasta entonces por un español en una regata oceánica. La regata fue seguida por Internet por miles de aficionados españoles y despertó muchas vocaciones para navegar en los pequeños minis de 6,5 metros de eslora. El fruto de aquella semilla se dio en la Min-Transat de 2003, con la participación de siete solitarios españoles, un récord impensable pocos años antes. Uno de los regatistas de aquella edición, Álex Pella, logró en la siguiente regata, en 2005, convertirse en el primer español de la historia en ganar una etapa de una regata oceánica en solitario. Desde entonces la clase Mini, cantera de los navegantes en la clase de los 60 pies IMOCA, goza de un alto nivel en España.
Paralelamente a este florecimiento de los solitarios, la presencia española en regatas del más alto nivel se multiplicó. Tripulantes españoles eran reclamados como especialistas en regatas alrededor del mundo como la Volvo Ocean Race, The Race y el Trofeo Julio Verne. El mejor ejemplo de ello lo constituye Guillermo Altadill -patrón del Estrella Damm en la Barcelona World Racequien ganó The Race en 2001 y batió el récord de la vuelta al mundo 2004. Guillermo es el navegante español y uno de los primeros del mundo con más millas navegadas. El desarrollo de la vela española no sólo se ha hecho sentir últimamente con la presencia de excelentes navegantes, sino con el protagonismo cada vez más significativo en la organización de las grandes regatas. En 2005, Vigo fue el puerto de salida de la Volvo Ocean Race y, en 2008, lo será Alicante, y la última VELUX 5 Oceans salió y finalizó en Bilbao, con el excelente tercer puesto de Unai Basurko. Ahora la Barcelona World Race culmina esta progresión con una regata alrededor del mundo organizada en España que se ha inscrito en el circuito de la IMOCA y que reúne a los mejores navegantes y barcos. Una regata que sin duda marcará el futuro de la vela oceánica y pasará a formar parte del patrimonio deportivo español.
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