Alinghi América Cup Copa Luis Vuitton Desafío Español Luna Rossa Oracle Team New Zealand  
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Carlos Pich
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La selección de los desafiantes, para dirimir durante la Copa Louis Vuitton cuál de ellos tendrá el honor y la oportunidad de competir contra el defender Alinghi, comenzó con pocas sorpresas pero fuertes emociones.
Los 13 Actos diputados desde septiembre de 2004 permitían tener una idea de la trama que se representaría en el momento de la verdad, cuando bajado el telón del escenario la comedia, a modo de preregatas, diera paso a la nueva obra, el drama de la 32 America’s Cup. Cuando nos cansábamos de escribir, y ustedes de leer, sobre los tres equipos grandes no era en vano. El italiano Luna Rossa, el norteamericano Oracle y el Team New Zealand (TNZ) no pasaron apuros para copar el podio tras los round robins iniciales. Si en la primera liguilla comenzó dominando el Oracle, concluidos los 20 encuentros disputados por cada equipo (dos veces contra cada uno de los 10 desafiantes restantes) fue el TNZ quien se impuso en la clasificación final.Y ser el primero, aunque fuera por los pelos y gracias a una segunda liguilla impecable, le supuso a los kiwis poder elegir su rival en las semifinales. Un alivio, vista la superioridad de los tres grandes. Declarado su interés por enfrentarse al Desafío Español, los de Nueva Zelanda dejaban que sus dos rivales más fuertes se desgastasen compitiendo entre sí, y evitando a uno de ellos, por lo que la final de la Louis Vuitton se presagiaba como su primera y única eliminatoria dura.
Llegados a semifinales, muchas cosas quedaron atrás durante las dos vueltas de la liga, conocida en términos ingleses como round robins. No faltaron sorpresas. El China Team logró anotarse una victoria, conseguida nada más y nada menos contra el todopoderoso, hasta ese momento, BMW Oracle. Que fuera debido a una rotura del perfil del estay no lo recordarán los historiadores, cuando dentro de un tiempo narren el estreno de Asia en esta competición. Floja actuación de los alemanes del Team Germany -a quienes algunos les augurábamos una mejor clasificación que su décimo puesto-, que no pudieron con el italiano +39. Estos poco a poco se fueron encontrando a gusto con su mástil reparado (se les partió durante el Acto 13 disputado en Semana Santa), y fueron capaces de poner firme al Desafio Español, en una regata que aún rompiendo dos veces su escota de génova, perdieron en la misma línea de llegada y por un sólo segundo de margen. Esa victoria in extremis de los españoles les permitió aguantar la amenaza que para ellos suponían el Mascalzone Latino y el sueco Victory Challenge.
EL TORO VERDE
Constancia, confianza y moral de hierro, supieron tener suecos y españoles. En una competición tan larga y tan reñida, había que saber mantener la calma tras los momentos adversos y no desfallecer a la espera de que algún rival lo hiciera.Y así le llegó el turno al Mascalzone Latino, que tras un inicio impecable perdió fuelle... y los nervios: destitución del timonel. Ya saben, cambiar muchas cosas para que todo siga igual. Terminaron sextos, y sin opciones en las dos últimas jornadas para alcanzar el soñado cuarto puesto, que finalmente dirimieron suecos y españoles. El Red Bull, patrocinador principal del equipo vikingo, contra el Toro Verde, por lo de la simpática mascota del equipo español (un toro de peluche bautizado Ricardo) y su... inequívoco color del barco. Los españoles sufrieron, pero al final pudieron estallar de alegría al lograr su gran objetivo: disputar las semifinales.
Mientras los del Mascalzone dejaban tras de sí una estela de mal rollo y poco saber perder, los vikingos dieron una lección de talante deportivo. Porque tiene que ser muy duro haber estado trabajando tanto durante meses y más meses, para ver como se pierde por los pelos. Volver derrotado del campo de regatas hasta su base, viendo el júbilo de muchos barcos y muchísimos espectadores españoles en el canal de entrada al puerto celebrando la victoria, aún debía recordarles más la importancia de esa cuarta plaza perdida.Y mientras los españoles estallaban de alegría al llegar a su base, en medio de las primeras celebraciones en el mismo pantalán, escucharon el sincero aplauso del equipo sueco llegando a su base, que paradojas del destino, les hizo vecinos en el puerto valenciano durante casi tres años. Porque aunque se requiera mucho dinero para un equipo de America’s Cup, ellos no olvidaron que es un deporte, un juego.Y que a veces se puede rozar la gloria con la punta de los dedos, pero luego de 20 regatas no hay razones que excusen una derrota. 20 oportunidades son muchas para los típicos y tópicos “si no hubiese sido por...” tan manidos en pantalanes y barras de bares. Siempre me pareció que un buen rival engrandece una victoria, y los suecos aún dan más mérito al logro del Desafío Español. Olé por los vikingos del Red Bull,
FINAL FOUR
Cuando a mitad de los round robins hablamos con Marcelino Botín, diseñador del TNZ, su siempre fina ironía escondía algo más:“Lo bueno aún no ha empezado. Hasta las semifinales esto no empieza”, nos dijo sin disimular una sonrisa. No cabe duda que la perspectiva de los desafiantes grandes no tiene nada que ver con la de los más modestos. El pedaleaba en su bicicleta y un servidor daba suaves golpes de gas a su moto, mientras hablábamos entre el tráfico. Cuando escuchó mi pregunta-afirmación sobre la aparente falta de velocidad de su barco, insistió: “Esto aún no ha empezado”. “Vale -le dije-, hablamos antes de la final”.“De acuerdo” -contestó. Les debo la próxima conversación, queridos lectores. Pasados unos días, recordaba la conversación, y pensaba sobre que final, ¿la Louis Vuitton o la America’s Cup? Me da que él también pensaba en la segunda... aunque en ese momento no sabíamos siquiera contra quien disputarían las semifinales. Quien sí sabía el rival de su equipo al día siguiente a nuestro casual encuentro era Torben Grael, el táctico del Luna Rossa. Ante un negativo pronóstico sobre sus opciones frente al BMW Oracle, el brasilero tampoco perdió la compostura: “Mañana soplará viento de tierra, y eso nos abre más las puertas”. Sopló poniente y ganaron.
También convino que si ganaban dos de las tres primeras regatas, la presión podía causar estragos en el equipo norteamericano.Y aunque perdieron, fueron ellos, quienes dominaron la segunda regata hasta mitad de la empopada final, el Luna Rossa ganó la tercera y puso el marcador 2-1. Por su parte, el Desafío Español se anotaba su primera victoria al tercer intento, quedando su casillero 1-2, pero que podría haber sido tranquilamente un 2-1, si en la primera manga los kiwis no se hubieran encontrado semejante role a derechas al poco de la salida. Los nuestros navegaban por la izquierda, sabedores que la otra semifinal que salió 10 minutos antes se estaba decantando a favor de los italianos, que arrasaban por la izquierda de la ceñida. Pero fue ese día que soplaba poniente y el viento se “movía más que los precios”.
La primera victoria española fue incontestable: salida a la par de los kiwis, a quienes lograron cargar con una penalización en la presalida, y los nuestros defendiendo la derecha en un día de térmico in-crescendo, lo que garantiza roles a derechas: todas las boyas en cabeza y aumentando la ventaja, que hubiera rondado los 45 segundos si TNZ no hubiera tenido que penalizarse. El honor ya estaba salvado cuando la imprenta reclamaba estas líneas, quedando en el aire el desenlace de esta Final Four. Si durante la misma, el Desafío logra una segunda victoria, se habrán ganado algo más que el respeto logrado con su pase a semifinales. Y respecto a la otra pareja de baile, la inmensa mayoría de los presentes en Valencia se alegrarían que se marcase a ritmo de samba.
VIENTO, FECHAS Y NERVIOS
Los primeros compases de la Louis Vuitton Cup no fueron lo brillantes que cabía esperar. El programa establecido para el primer round robin del 16 al 23 abril, incluidos dos días de reserva, navegándose dos series de encuentros diarios; el día 24 sería de descanso como jornada para que los equipos pudieran hacer modificaciones a sus barcos antes de acometer el round robin 2, programado del 25 de abril al 6 de mayo, incluido un día de reserva, navegando una serie de encuentros por día. Pues bien, el reloj suizo falló. En los primeros cuatro días, en vez de los ocho encuentros previstos por cada equipo, no se navegó ninguno. La tensión fue aumentando, y como si de una olla a presión se tratase, el pitido de la válvula iba sonando más y más agudo. Tras el tercer el día en blanco, la gente ya no sabía de que hablar, puesto que hacerlo sobre regatas no era posible, sonaron algunas voces discordantes. ¿Qué diablos estamos haciendo, pretendiendo navegar en el Mediterráneo occidental durante un mes de abril? Las supuestas estadísticas en las que la organización decía amparar su decisión de estas fechas no colaron, al menos a unos cuantos. En una rueda de prensa, los meteorólogos de Alinghi hablaron de datos acumulados desde el año 2000.
Poco tiempo, pero aún así, esos datos obedecen a la información que proporciona el Instituto Nacional de Meteorología y tal vez alguna universidad local. El quid de la cuestión es que la toma de datos se realiza en tierra. Cuando se cita a Puertos del Estado y sus balizas, si el Instituto Nacional de Meteorología no informa mal, en Valencia sólo cuentan con una baliza de toma de datos, que según su propia pagina web sólo está fondeada desde...septiembre de 2004. El equipo suizo decidió unas fechas para la gran final, y a partir de éstas se retrocede para determinar el calendario de la Louis Vuitton Cup. Si la razón para fijar la finalísima a final de junio fueron intereses comerciales (evitar coincidencia con el Tour de Francia, mundial de Rugby, etc.) o estratégicos (que los desafiantes tuvieran poco viento y problemas para cumplir su calendario) no lo sabremos, pero lo que estaba claro es que el mes de abril no da para mucho en nuestra querida costa mediterránea. En plena transición de los ponientes invernales al Garbí térmico, a nadie de la zona sorprendió lo ocurrido. Pero algunos parecían olvidar que en Auckland estuvieron mucho peor, incluso 10 días consecutivos sin poder competir. No hay nada que reprochar a que Alinghi escoja las fechas que quiera, no en vano goza de los privilegios del defensor ganados a pulso, perdón, ganados 0-5 en Auckland. Pero que no nos vendan motos.
WAKA, EL ESPÍRITU MAORÍ
Aunque la colonización inglesa también hizo estragos en Oceanía, la ancestral cultura maorí ha sabido perdurar con el paso del tiempo. Y como buenos guerreros polinesios, los maoríes fueron sobre todo excelentes marinos y navegantes. Hablar de Nueva Zelanda, vela, regatas y America’s Cup no tiene tanto sentido si olvidamos el origen de un país donde hay un barco por cada siete habitantes, y en el que uno de cada cuatro ciudadanos navega a vela. La vela es el segundo deporte nacional en Nueva Zelanda, solamente superado por el rugby y su potente selección nacional, mundialmente conocida como los All Blacks. Y en vela, su equipo por excelencia es el de Copa América. No es casualidad que sea el equipo donde la participación extranjera se cuente con gotas, ni que el resto de sindicatos de America’s Cup incluya regatistas y técnicos neocelandeses. Aman, disfrutan y respetan el mar como nadie, y por supuesto sus raíces. Más allá del efecto publicitario que supuso, en términos de promoción turística del país, la presencia de una waka con dieciocho guerreros maoríes, el primer día de competición de la Copa Louis Vuitton, no fue mera casualidad.
La waka trasladada hasta Valencia es una canoa de guerra tallada a mano, de un sólo tronco. Sus 16 metros de eslora y sus 1.250 kilos de peso incluían figuras talladas de la ballena, reproduciendo la mitológica leyenda maorí del primer niño nacido de Hinemoana, la ballena, y Wika, el guardián de los océanos. Verles esperando la salida de su barco en medio del puerto, para acompañarles remando y lanzando gritos rituales era mucho más que una acción promocional. Especialmente porque estaban lejos de muelles y pantalanes. Cuando pensé que tal vez estaba sufriendo un ataque de romántica melancolía, observé detenidamente como los tripulantes del Team New Zealand miraban en silencio a la waka y sus guerreros. Fue entonces cuando comencé a comprender que los ancestrales guerreros estaban alentando a su nuevo ejército camino de la gran batalla, que este sentía en sus entrañas su apoyo, agradecía su presencia y por un momento asumía la responsabilidad de navegar en nombre de una bandera, la de Nueva Zelanda, donde los fines de semana puedes escuchar las retransmisiones de las regatas en las emisoras de radio locales que sintonizan hasta los taxistas.
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