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AMERICA'S CUP

Yate nº 491

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La victoria de Alinghi fue más complicada y difícil de lo que refleja el 5-2 del marcador final. El escaso segundo de diferencia en la última regata es elocuente.Alinghi es un justo campeón, pero Team New Zealand es mucho más que un simple segundo.

Viendo la séptima y última regata de la gran final, ha valido la pena seguir de cerca cada una de las pruebas de la 32 America’s Cup. Un final propio del mejor guión cinematográfico, sobre todo al recordar que alguien bautizó las regatas previas de 2004 en Marsella y Valencia, de 2005 en Valencia, Malmö y Trapani y las de 2006 y 2007 en Valencia como Actos. Quizás no cabe hablar de drama, comedia, melodrama o ciencia ficción. El término adecuado no es otro que e-s-p-e-c-t-á-c-u-l-o. Regatas muy técnicas y disputadas, y un sólo vencedor. Es la ley de la competición: dos entran, sólo uno sale. Alinghi ganó y pese a quien pese, convenció. Aunque sudó tinta para lograrlo.

LAS CAUSAS DE LA VICTORIA SUIZA
Muchos son los factores que han marcado las diferencias, algunos detectables desde fuera, pero otros todavía ocultos y guardados bajo siete llaves. Porque todavía no se puede afirmar quién, cuándo, cómo y cuánto era mas veloz que su rival. Lo seguro es que los de Alinghi no han especulado con el resultado, lo que fue beneficioso en aras del espectáculo. Como muestra basta un botón: el final de la séptima manga con un role y encalmada que a punto estuvo de permitir a New Zealand completar su penalización y ganar la regata. Le faltó ¡¡un segundo!! Si además de lograrlo, los kiwis no pierden la quinta regata por romper un espí, perder la braza del segundo e izar el tercero enredado en el estay, con siete regatas terminadas el resultado hubiera sido 4-3 favorable a los australes. Y con ello queda espejada la teoría de la especulación. Sin duda han podido explotar las condiciones favorables del defensor: más tiempo para construir su último barco, centrarse en un rango de viento presumiblemente más estrecho que el de los desafiantes, llegar con menos agotamiento a la final y muchas otras. Pero otros inconvenientes les han pasado factura, y algunas muy caras. La pérdida de la segunda y tercera regatas hizo saltar las alarmas.
Todo comenzó bien para el Defender, imponiéndose en la regata inaugural por 21 segundos tras haber liderado todos los pasos de boyas. Sopló un viento de 10-12 nudos, y parecía confirmarse el pronóstico del paseo triunfal. Pero luego, cedieron dos regatas de forma un poco sorprendente. La segunda de la serie, tras un fallo de marcaje en la segunda ceñida, idéntico al de Luna Rossa ante BMW Oracle: dominaba un cruce amurado a estribor y viró demasiado a sotavento, permitiendo al rival ganar suficiente separación lateral y beneficiarse al ahorrar una virada. En la tercera prueba, tras ir dominando Team New Zealand, Alinghi logró rebasarlo en la segunda ceñida, pero por dejar de marcar de cerca al rival en la popa final fue rebasado por los kiwis. Sonaron muy fuertes las alarmas, tanto que se especulaba con la destitución de Brad Butterworth cómo táctico de los suizos. La broma, de mal gusto, era fácil: “Ese también es kiwi, ¿no?”. Como en ambas mangas el viento sopló muy débil (9-11 nudos en la segunda y 6-9 nudos en la segunda), los corrillos del puerto también se animaban sobre la mayor velocidad del Team New Zealand con ese rango bajo de viento. Teoría que cayó por sí misma en la cuarta manga. Con ocho o nueve nudos de viento, Alinghi empató a dos la serie tras dominar la regata y entrar en meta con 30 segundos de ventaja. Esa cuarta regata fue clave, pues un 1-3 hubiera sido una montaña de escalar para los suizos. Menudo cambio de panorama en cada equipo: Alinghi salía 1-2 y tras los desastres de los australes en la primera popa de la quinta manga, se pusieron 3-2. En la otra base, vieron como se les esfumaba una oportunidad de oro, dejando a los suizos la iniciativa en el marcador tras cruzar el ecuador de la final.

LA MALDICIÓN DEL ESPI ROJO
Todos los equipos han roto muchos espis, pero a quien más veces sufrió ese percance fue el equipo kiwi. Recordemos que en 2005 y 2006 su tejido parecía el más frágil, aunque tal vez la cuestión sea algún punto de roce o contacto con su aparejo que los marcaba. Incluso en un entreno anterior a una de las primeras regatas de la final le explotó uno. Pero lo de la quinta manga fue otra cosa... Comienzan la primera popa en cabeza, izan y detectan un pequeño siete en su espi. Preparan el peeling y, cuando su proa estaba sentado en la punta del tangón conectando brazas y escotas, la vela estalla, sacude el tangón y una de dos: o se suelta el mosquetón o en la sacudida se conectó mal la braza. Se iza ese segundo espi sin la braza, queda flameando sin control ni posibilidad de recuperarlo rápidamente. Se arría el espi y se iza un tercero, con tal mala fortuna o desacierto que se lía en el estay, mientras se estaban largando escotas y drizas del segundo que flameaba en las alturas. Dos fallos seguidos, precedidos de dos malas casualidades: el rasgón inicial y la explosión antes de haber podido izar el segundo.
En definitiva, Alinghi viró la puerta de sota con 26 segundos de ventaja y mantuvo el liderato hasta la llegada. Lo curioso es que ese día se compitió con 14-15 nudos de viento, donde se suponía que el barco suizo sería un cohete. La sexta regata fue muy emocionante, y los de Alinghi demostraron que ellos también saben, y mucho, de match race. Con viento de entre siete y diez nudos, cerraron la primera popa con 11 segundos de desventaja... pero saliendo por la boya derecha. Tras un largo bordo a babor, marcados por los kiwis, aprovecharon un leve cambio de presión para ir centrándose en la ceñida, para no ser acorralados al lay-line derecho. Al tercer cruce, los kiwis viraron a sotavento ajustados, pero los suizos venían como una bala y ganaron la separación lateral suficiente para aguantar en paralelo hasta el lay-line izquierdo. Allí viraron hacia la boya, y tras ellos Team New Zealand. En la popa no hicieron inventos y aumentaron de 18 a 24 segundos su ventaja. Era el 4 a 2, por lo que tenían por delante tres match ball.

PUNTO FINAL Y DEFENSA LOGRADA
Prevista en el programa para el domingo 1, la inestabilidad del débil viento obligó a cancelar la séptima prueba tras un largo aplazamiento. Como el lunes era día de descanso, el desenlace tuvo que esperar hasta el martes 3 de julio. Una fecha histórica, pues un equipo europeo logra por primera vez ganar la copa dos veces de manera consecutiva. La regata definitiva nos recordó bastante a la sexta, concretamente la segunda ceñida, donde se produjo el jaque mate. Dominio inicial de Alinghi con siete segundos en el primer tramo. Una buena doble trasluchada de los kiwis les permite planchar a los suizos en el tercio final de la popa, iniciando la ceñida con 14 segundos de ventaja. Pero de nuevo TNZ buscó la puerta izquierda y los suizos ven un rayo de luz, al poder iniciar un largo bordo por la derecha del tercer tramo tras virar la puerta derecha. Esperan su momento para buscar cruces amurados a estribor y tras el cuarto, Alinghi vuelve a virar, pero los kiwis esta vez no buscan el cruce. Un largo bordo amurados a estribor, con Alinghi a barlovento tratando de galopar para llegar al lay-line izquierdo y allí hacer valer su preferencia de paso cuando los kiwis viran para enfilar la boya. Team New Zealand sale muy arribado tras la virada, Alinghi también va arribando para impedirles que pasen por su popa. Pueden hacerlo hasta navegar a 90 grados, y Team New Zealand se queda clavado en el momento de su arribada final. Alinghi debe orzar para evitarlo y pide penalización, que se le concede. Monta líder en barlovento con12 segundos de ventaja y sabiéndose ganador salvo imponderables del destino, pues los kiwis tendrían que, además, cumplir una penalización.
Los imponderables llegaron. El viento bajo de los 14 nudos habidos en los tramos anteriores a escasos seis, tal vez menos. Además, dicho cambio obedeció a un importante role a la izquierda, que los obligó a izar génova en los metros finales, New Zealand quedó más a barlovento y amarinó su barco antes. Alinghi rompió el tangón y perjudicó su izada de génova. Los kiwis los pasaron y contaban con una buena ventaja para penalizarse. Tensión, intriga y mucha emoción. Fatal error de los australes: al dar el giro de penalización antes de la línea, se quedaron clavados, incapaces de arrancar de nuevo al través y con mucha ola, mientras, Alinghi se acercaba. Los suizos pudieron cortar la línea por un segundo de margen y rematar la copa en el primer punto de partido. Todo un detalle para quienes pronosticamos un máximo de siete mangas, tal como hicimos en nuestra crónica de Yate, correspondiente al mes pasado.

TIEMPO DE REFLEXIÓN
Son momentos para pensar, analizar y acordarse de los protagonistas. Y como no, hay que imaginar lo que pensaran los españoles involucrados en la final. Por supuesto que Joan Vila se lleva la palma. No sólo es el primer regatista español en sumar su segunda copa, sino que además ha tenido el honor de ser titular indiscutible y ganarla en casa. Ha logrado lo que pocos, ganar la America’s Cup y la Volvo Race, chapeau Joan. Para Jordi Calafat ha sido la primera de la que presumimos una larga y exitosa trayectoria. Ha sido uno de los suplentes de lujo en el equipo suizo. Su problema: tener por delante a uno de los “5 magníficos” de la guardia que Coutts llevó al equipo para la edición de 2003, y con quienes antes había ganado unas cuantas... Manolo Ruiz Elvira también ha repetido triunfo con Alinghi, en su papel dentro del equipo de diseño liderado por Vrölijk. Mención aparte para Marcelino Botín. Sin duda ha sido el mejor debutante de esta trigésimo segunda edición. Debutar con la responsabilidad de diseñar un barco para Team New Zealand era un reto complicado. Y nadie, absolutamente nadie, duda que logró incluso más de lo que se esperaba, pues la supuesta superioridad del barco suizo no fue ni tanta ni tan clara. De nuevo ha demostrado que se mueve como pez en el agua jugando con barcos de fórmula. Su barco no ganó, pero él no perdió.

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