ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Carlos Pich
1. Introducción
Neptuno y Eolo se conjuraron con el Desafío Español para brindarnos un valioso regalo. Navegar a bordo de un Copa América a un mes del inicio de las series eliminatorias es impagable.
Dicen que es de bien nacido ser agradecido.Y antes de intentar explicarles la experiencia vivida a bordo del ESP 97, es justo dar las gracias al Desafío Español. Seguro que habrán oído hablar el paranoico recelo que tienen los equipos por guardar su información técnica.
Y no cabe duda que los barcos navegando son su tesoro más preciado. Además, recientemente hubo un caso de espionaje, protagonizado por un periodista náutico francés, que al Areva le costó una sanción deportiva y los costes del jurado. Con estos antecedentes, y a menos de un mes para iniciarse la temporada 2007, comprenderán que agradezcamos la confianza.
A LAS 13:30
A las 12:30 La víspera del día D acordado para nuestra navegación a bordo del ESP 97, recibimos una llamada confirmándo la hora: “No hay bandera roja y se aplica el horario normal, salimos a las 12:30”.
Finalmente fue a esa hora, pero un día más tarde, pues el día D se anuló el entreno a primera hora de la mañana por decisiones del equipo técnico. La oportuna llamada de cancelación de un tripulante 18 previsto para el día siguiente facilitó las cosas. Será cierto que todos merecemos una segunda oportunidad.... Pues el día E a las 12:15, en la zona de popa y calladito. “Tendrás un buen día, el parte no prevé más de 12-14 nudos”, me dijeron para animarme. Qué suerte el error de ese parte, pues lo que hizo el viento fue no bajar de 15 nudos. Estuvimos navegando cuatro horas, de las que más de dos con el anemómetro por encima de los 20 nudos. Al soplar de poniente, el mar estaba casi como un plato y apenas llegaban rociones a la popa. La cosa se animó, y la música de las burdas o escotas estuvo a tono con los 24, 26, 28 y hasta una punta de 30,4 nudos.
Si han podido ver de cerca estos barcos navegando, una de las cosas que impresiona es el sonido que emiten. Como si de salvajes bramidos se tratara, al amollar los cabos que soportan una gran carga (burdas, escotas de mayor y génova) al arribar bruscamente para pAsar de ceñida a empopada, se te ponen los pelos de punta.
Pues bien, dentro del barco, acurrucado tras la barra de escota de la mayor, y con la
amenaza de las burdas soportando hasta ocho toneladaS de tensión demasiado cerca, por más que sepas lo que va a ocurrir y estés “preparado”...no sientes las piernas.
La segunda sorpresa es la estabilidad de estos barcos. Ganar grados de escora les cuesta. Parece que sea imposible que escoren más allá de los 35 grados. Cuando apoyan el costado ciñendo parecen clavados al mar. En nuestro día el viento estuvo jugando a causa de varios chubascos que cruzaban el área de regatas. Por suerte no descargaron agua, pero variar de cuatro a seis nudos en pocos minutos fue frecuente, y la escora apenas cambiaba. Las, digamos, 19 toneladas de peso de bulbo calando 4,10 metros transmiten el efecto de esos ceniceros con arena en el interior de su base, que tan populares son en los veleros de recreo. Es la mayor sensación de estabilidad que puede vivirse en el mar.
PRIMERO, TRIMAR EL PALO
Tras librar la bocana del puerto e izar la mayor, el plan era navegar solos para ajustar el trimado del palo. Así, con la mayor arriba, viento en popa y tranquilamente a ganar sotavento izando un génova, para volver a una corta ceñida.
Luego, arribando e izando espí, de nuevo a ganar “cancha” para volver ciñendo. En esa segunda ceñida el anemómetro se empezó a alegrar, y creo recordar que fue en la tercera ceñida solitaria cuando los “decibelios eólicos” se pasaron de rosca. Pero para serles muy sincero, la sensación de estar ciñendo con 18, 22 o 26 nudos era la misma.
En las rachas que iban más allá, apenas amollar un poco la mayor para descargar la vela y relajar las tensiones. Tienen razón, amigos lectores, parece increíble. A mí también me ocurrió hasta que leía el repetidor del anemómetro, y no vayan a pensar que estos chicos no llevan calibrada la electrónica a la centésima. Porque en este “juego” se trata de centésimas.
Bueno, pues andábamos ganando sotavento con ese viento duro, cuando los dos barcos del equipo kiwi arriaron la mayor. No sé la razón, pero no me extrañaría que fuera para dejar pasar esa nubecilla oscura y cargada con “decibelios”. En el Desafío se empezó a cuestionar la conveniencia de seguir con el plan de entreno previsto. Estábamos ya prestos a iniciar una regata con el ESP 88.
Continuas llamadas a Maxi, el meteorólogo que en tierra estaba atento a la “música”, tenían en jaque a Luis Doreste: “En las dos últimas semanas hemos navegado muchos días con viento fuerte, y no conviene forzar tanto los barcos”.
Se me ocurrió bromear y decirle que no nos íbamos a arrugar, que para un día que tengo la suerte y el honor de estar a bordo no pueden hacerme eso. Suerte que otro tripulante que andaba por atrás, auxiliando a Virgilio en el pedestal de winches trasero se apuntó al tema, porque Luis lleva gafas de sol, pero me imagine sus ojos cuando se giró al escuchar mi “broma”. Y como parecía que amainaba un poco, con 20 nudos hicimos una salida libre y empezamos a ceñir “de carreras”. El ESP 97 cruzó a babor por popa del 88, y el bordo de tierra creo que nos facilitó un poco las cosas. Pero un poco, pues tras 2,7 millas hasta la baliza la diferencia no pasaba de dos esloras, tras varios controles y repiques.
Apenas faltaba media milla para la baliza, cuando el anemómetro volvía a las andadas, 22-24-26-2426-24 y por radio acuerdan que bajaremos tranquilamente hasta la boya de sotavento sin espí.
Mientras bajábamos plácidamente, fue un buen momento para comer un poco, mientras Hartwall Jordan, el trimer de mayor, aprovechaba para ajustar los cabos de unión de las burdas medias y bajas con la alta.
También se comentaban varios detalles de la maniobra, pues las primeras trasluchadas fueron un pelín lentas (dijeron ellos) y también saltó una vez la escota tonta y el recogedor de espí del puño de amura, exigiendo un planeo del proa hasta la punta del tangón para recolocarlos.
CUATRO TRAMOS Y 10,8 MILLAS
Con las nubes cargadas ya pasadas, los dos barcos se prepararon para la segunda salida. Esta vez nosotros a estribor. No deja de sorprender lo que ciñen estos barcos.
Navegan con un ángulo real de... digamos unos 35 grados y unos 10 menos de ángulo aparente, pero la eficacia de sus apéndices y el “canto” del costado apenas les hace derivar.
Es la eficacia ceñidora personificada, auténticas máquinas de ceñir. Y decía sorpresa, por la situación del 88 amurado a babor acercándose para pasarnos por popa en la salida. Les veía frenando el barco un poco en una posición que, para lo que uno está acostumbrado, me hacía pensar que estaban regalando esloras. Llámenme iluso, ¡si casi acabo chocándole los cinco a Pedro Más en la proa del 88! Esta vez ellos hacia tierra amurados a babor y nos la dan. Muchas viradas, viradas a sota primero y luego en todo el “morro”, confirman que los leves roles de derecha rinden beneficios. Apenas dos esloras de desventaja en la baliza, pero la izada no sale lo perfecto que requiere la ocasión, y el 88 estira un par de esloras más, que no hubo forma de recortar, pues en sotavento eligieron la puerta derecha y ellos de nuevo defendiendo la derecha, aunque en nuestra arriada de espí previa pusieran toda la carne en el asador.
Es curioso ver como actúa el recogedor de espí. El cabo que recorre la línea central del espí desde unos dos tercios de su altura, por la cara exterior, se introduce por el tambucho de proa y gira sobre un tambor de gran diámetro, que se acciona desde los pedestales. Y de esa forma, los 500 metros cuadrados de espí parecen caer al agua, pero ves como se van acercando al barco rozando una parte el agua. Luego los pedestales se van conectando progresivamente a los winches correspondientes (génova, mayor, burda) y a ceñir a tope. ¡Ah! y si alguna vez a bordo de un Copa les dicen que vayan a ayudar a ensacar un espí no pierdan la ocasión. Por supuesto que en regata no suele hacerse, salvo que sea la única opción técnica –normalmente llevan dos del mismo código que está previsto usar de acuerdo con el parte meteo- por un cambio de viento o rotura. Porque no es ninguna broma hacer caber esos 500 metros cuadrados mojados en un “saquito”. Íbamos ciñendo, contaba, con ganas de pasar al 88, pero por más que se intentó no hubo forma. No tenía dudas de que los entrenos de los equipos son muy, muy serios, por lo que no me extrañó el empeño en ambos barcos. Es bueno que exista la máxima competencia entre las dos tripulaciones para ganarse el puesto, pues eso ayuda a exprimir al máximo los barcos y permitir a los técnico sacar conclusiones para evolucionarlos.Y a veces existe el peligro de algunas relaciones tensas, envidias y codazos, pero algo me dice que esta vez se mantienen dentro de la lógica. Estar en el banquillo durante un partido de competición oficial no gusta a nadie, y menos a cualquier regatista, pues el consuelo de sueldos anuales millonarios (en euros) no es que abunden en la vela ni en la America’s Cup. Son profesionales, por supuesto, pero bastante más deportistas y amantes de su competición que en otros... ¿deportes?
1. Introducción
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